LOS CONTRASTES DE JOÃO CABRAL DE MELO NETO

Esa máquina de emocionar

Como cuando traspasó el umbral del apartamento donde viviría João Cabral
de Melo Neto, traspasa ahora el crítico Felipe Fortuna el conjunto
de la obra de este poeta brasileño, para acercar así la talla humana
y dar cuenta tanto de la rigurosidad formal de la obra que compuso como de su sensibilidad social. Y es también la firma de Fortuna
la que prologa la edición preparada por Biblioteca Ayacucho -a ser presentada
el próximo lunes- con el título Piedra Fundamental, que reúne versiones en español de renombrados traductores


Foto Eduardo Simões
João Cabral de Melo Neto, fiel a la dimensión visual del poema


Una vez, en víspera de Año Nuevo, visité al poeta João Cabral de Melo Neto en el espacioso apartamento donde vivía en la playa de Flamengo, Río de Janeiro.
El se sentaba en una poltrona que parecía larga para su cuerpo delgado: de espaldas a la ventana de donde venía una fuerte luz de la tarde y la imagen de Pão de Açúcar, el poeta parecía una viva figura en negativo en el medio de la sala, al gesticular y al hablar. No era el tipo de anfitrión que dejaba al visitante a gusto, ofreciéndole agua y algún aperitivo. Todo se pasaba como en su poesía, ascética y despojada: y, una vez dentro del apartamento, el ilustre poeta solamente apuntaba a otra poltrona, a ser utilizada por mí, y se colocaba en frente, listo para una conversación objetiva y sin sentimentalismo. "Paso el día entero aquí adentro, leyendo mucho. No salgo más. Y ni escribo, pues para escribir es necesario fuerza física y coraje". Al final de cada frase o de cada raciocinio, el poeta acostumbraba añadir, a manera de tic nervioso, una pregunta: "¿Comprende?". Como si todo necesitase urgentemente encontrar una lógica, un plano de entendimiento que diese significado integral a la conversación y a la realidad.

El poeta aún no estaba ciego -lo que sólo ocurrió en los últimos cinco años de su vida. Y, a pesar de la declarada incapacidad para seguir escribiendo, todavía publicaría los poemas narrativos de Crimen en la Calle Relator (1987) y otro libro de inspiración española, Sevilla andando (1990). Es muy posible que esos últimos libros reúnan todo lo que el poeta había producido en aquellos años: pues João Cabral de Melo Neto daba la impresión de no dejar borradores ni anotaciones sueltas, de no aceptar un texto que estuviese en transición o en carácter provisional. Sólo le interesaba el proyecto acabado, el poema como objeto definido y singular, a la manera de aquella poltrona en el medio de la sala, que proyectaba un "perfil lúcido" en contraste con la luz. Y como insistieron mucho para que continuase escribiendo, se divulgó al final, en septiembre de 1995, lo que viene siendo considerado como su último poema. Algunos de sus versos demuestran que el poeta permanecía fiel a la dimensión visual del poema, bien como a la idea de composición rigurosa y ordenada, que para él, debería presidir el esfuerzo literario:

Me piden un poema,
poema que sea inédito.
Un poema es algo que se hace viendo,
¿cómo imaginar a Picasso ciego?
Un poema se hace viendo,
un poema se hace para la vista,
¿cómo hacer un poema dictado
sin verlo en la hoja inscrito?
Poema es composición,
también de la cosa vivida,
un poema es lo que se ordena,
dentro de la desordenada vida.

En el universo de João Cabral de Melo Neto se agregan, de modo sorprendente, nociones, principios y aún hasta una sensibilidad generalmente extraña al lirismo: el poeta escribe sobre formas y sobre líneas arquitectónicas como si su poema estuviese siendo concebido sobre una tabla y en papel milimetrado. Al final, el poema-objeto se impone como un edificio en el paisaje. Esa tendencia intelectual lo acompañó desde temprano y se tornó una obsesión: cuando tenía apenas 25 años y acababa de publicar su segundo libro, O Engenheiro (1945), la cita del arquitecto Le Corbusier valía por una directriz; "machine à emouvoir". El poema sería esa máquina de emocionar, con su funcionamiento rígido y exacto como un reloj. Muchos años después, ya consagrado, el poeta admitía: "Ningún poeta, ningún crítico, ningún filósofo ejerció sobre mí la influencia que tuvo Le Corbusier. Durante muchos años, él significó para mí lucidez, claridad, constructivismo. En resumen: el predominio de la inteligencia sobre el instinto".

En aquel libro, las dos primeras estrofas del poema "El ingeniero" muestran la lucha dramática entre la existencia del sueño y de la casualidad y la necesidad de la idea lúcida y de precisión:

La luz, el aire libre,
envuelven el sueño del ingeniero.
El ingeniero sueña cosas claras:
superficies, tenis, un vaso de agua.

El lápiz, la escuadra, el papel;
el dibujo, el proyecto, el número:
el ingeniero piensa el mundo exacto,
mundo que ningún velo cubre.

Existe por tanto una evidente actitud racional en todo lo que el poeta escribe: predomina el ansia de eliminar la inspiración, de hacer oposición a una tendencia barroca y excesivamente sentimental que caracteriza la tradición ibérica de nuestra poesía y, en particular, la influencia de Portugal en las letras brasileñas, a partir de la fuerza épica de Os Lusíadas (1572) y del lirismo amoroso de las Rimas (1595), de Luís de Camões. João Cabral de Melo Neto odiaba el soneto -y, con orgullo, declaraba que ni en su juventud lo había practicado: "Como verá, soy un marginal de la poesía brasileña; no comencé con un soneto de enamorado", le dijo a Odylo Costa Filho, uno de los dos mayores sonetistas del Brasil… El poeta abominaba también el decasílabo heroico, del canon camoniano, y tampoco practicaba el verso de siete sílabas que se hizo tan común entre los trovadores de su región natal, el nordeste brasileño. Prefirió, entonces, el verso de ocho sílabas, que, según él, confería un ritmo de prosa a su poema, sirviéndole además para el acto de composición. Uno de los mejores ejemplos de ese procedimiento se encuentra en el poema "El huevo de gallina", del cual fueron seleccionados estos fragmentos:

Revela el huevo lo acabado,
a la mano que lo acaricia,
de aquellas cosas torneadas
en un trabajo de por vida.

Y que también se encuentra en otras
que nuestra mano no fabrica:
en el coral, los cantos rodados
y tantas cosas esculpidas

cuyas formas simples son obra
de mil inagotables lijas
usadas por manos escultoras
escondidas entre agua, en la brisa.

Sin embargo, el huevo, a pesar
de la pura forma concluida,
no se sitúa en el final:
está en el punto de partida.

Obviamente, la poética de João Cabral de Melo Neto no se reduce a la obcecada búsqueda de forma. Delante del poeta, en la sala de su apartamento, era imposible dejar de percibir el acento nordestino, las frases peculiares por el uso de regionalismos. El siempre se definió, a pesar del oficio diplomático, que lo llevó a tantos países y a tantos años de ausencia del Brasil, como alguien que jamás abandonó Recife, ciudad donde nació, capital del Estado de Pernambuco. Una de las regiones más pobres del país, devastada por la sequía e históricamente involucrada en revueltas y guerras que exigirían gran sacrificio de su población. Si fuese posible comentar otra obsesión del poeta, surgirá entonces la historia y el interés por las condiciones del nordestino brasileño. Morte e Vida Severina (1955) representa el ápice de esa notable preocupación por el drama social de las poblaciones acosadas por la sequía, que emigran para los grandes centros urbanos y para las regiones litorales en busca de una vida mejor. Se trata, sin duda, del más importante poema social brasileño del siglo XX, escrito para ser montado como pieza teatral. El personaje principal, Severino, es un ser colectivo que simboliza la multitud de "los retirantes" que dejan atrás la tierra seca e improductiva y tratan de escapar de la muerte. A pesar del colectivo, Severino surge paradójicamente como un ser anónimo, que mal consigue definir su identidad:

-Es mi nombre Severino
pues no tengo otro de pila.
Como hay muchos Severinos
(que es santo de romería),
la gente ha dado en llamarme
Severino el de María.
Como hay muchos Severinos
nacidos de una María,
me llaman el de María
del difunto Zacarías. (…)
Somos muchos Severinos
iguales, en esta vida:
por esta cabeza grande
que apenas se equilibra,
y el mismo vientre crecido
sobre iguales piernas finas, (…)
Mas, para que me conozcan
mejor Vuestras Señorías
y mejor puedan seguir
el relato de mi vida,
paso a ser el Severino
que en vuestra presencia emigra.

El largo poema comprometido de João Cabral de Melo Neto, uno de los pocos que tratan el problema de la miseria y el hambre en el Brasil, fue justamente inspirado por la lectura de una revista económica. Cuando el diplomático servía en el Consulado en Barcelona, en los años cincuenta, en la cual aprendió que la expectativa de vida del nordestino brasileño mal llegaba a 30 años… El impacto de la estadística lo llevó a escribir el poema de denuncia, que, a su vez, tornó inmediatamente conocido el nombre del poeta: musicalizado por Chico Buarque de Holanda, en 1966, Morte e Vida Severina maravilló a las plateas brasileñas y de diversos países. El poeta ganó el premio de mejor autor vivo en el Festival de Teatro de Nancy. El crítico teatral de un diario portugués, después de asistir al drama de Severino, explicó que se encontraba en tal estado emocional que difícilmente podría escribir sobre la pieza, que provocara un "entusiasmo delirante" en la audiencia.

Foto: Divulgação
João Cabral de Melo Neto no dejó de mirar su ciudad de origen

Impulsado por la fama y por el reconocimiento que le trajo su poema, João Cabral de Melo Neto fue electo, en 1968, para la Academia Brasileña de Letras, lo que también le garantiza alguna protección contra las persecuciones que sufriera quince años antes, cuando, acusado de ser comunista, fuera forzado a dejar el servicio diplomático por un año.

La sensibilidad social de João Cabral de Melo Neto siempre estuvo asociada a la fuerte conciencia regional: "Creo que mi obra cambió y tomó el curso que debía porque salí por el mundo y pude escribir sobre la provincia sin sentirme provinciano", declaró en una entrevista en 1987. Más o menos en la misma época, me confesó, en otra visita que le hice, su idea de escribir sobre Jerônimo de Albuquerque, denominado "Adán pernambucano", una especie de patriarca nordestino por medio de quien el poeta contaría "todas las injusticias y todas las monstruosidades que el Brasil va a hacer en Pernambuco".

Yo quedaba impresionado con esa percepción del poeta, que conseguía nítidamente separar la historia de su estado natal, con su cultura y su singularidad, de la historia general del Brasil: él reclamaba, en resumen, los problemas provocados por el gobierno central, localizado en Río de Janeiro, en relación a aquella región remota y castigada por problemas naturales. A medida que la tarde desaparecía, cediendo a la noche, yo escuchaba aquel poeta cuyo "mayor ideal siempre fue ser crítico", una inversión inesperada del talento literario. Y mientras el poeta hablaba, su claridad y precisión ganaban más espacio, como si las palabras dictadas con rapidez fuesen la luz contrastada con la noche, que al final se veía desde su ventana.

Traducción: Graciela Pereira

(Piedra Fundamental, Poesía y Prosa de João Cabral de Melo Neto, será presentada el próximo lunes 25 de marzo, en la librería Monte Avila del Teresa Carreño, a las 5:30 pm).

Felipe Fortuna. Diplomático, poeta y crítico brasileño

 
N 25 Año V
Caracas, sábado
23 de marzo
de 2002
 
 
Los contrastes de João Cabral de Melo Neto

Esa máquina de emocionar

(Felipe Fortuna)
 
 
Creación
Eli Tolaretxipi aparece en medio de su libro
"Amor Muerto-Naturaleza Muerta"

Para escarbar una tierra de palabras

 

Apuntes
"La metáfora
de Lucila Velásquez"

A la luz de la cienciapoesía

(Efthimia Pandis Pavlakis)
 
 

Reseña
La voz de Joaquín Marta Sosa

Entre una multitud

(Alfredo Pérez Alencart
)

 
 

Reflexión


Intelectuales y política, entre frustración y utopía

(Maurizio Fantoni Minnella)

 
 
 

Libros, Lecturas y Lectores

Román Chalbaud

Cine, democracia y melodrama

(Alí E. Rondón)