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Apuntes "CUMPLEAÑOS" DE CESAR AIRA Biografía y bitácora El novelista argentino
César Aira celebra 50 años de vida, y los festeja publicando un libro,
Cumpleaños, en el que hace un balance de sí mismo. Agotado de los
enredos y artificios de la ficción crea esta biografía,
César Aira cumple 50 años. Y su manera de festejarlos es escribir un libro donde pretende hacer un balance de sí mismo e intenta poner en orden su experiencia como escritor. Sin embargo, no es orden lo que vamos a encontrar en la lectura de este libro. Todo lo contrario. Aira no es del tipo que viene a decirnos "bueno, señores, ahora les voy a hablar de esto o aquello", sino que busca en la digresión y también en la articulación descabellada el objeto predilecto de su escritura. Cumpleaños (Mondadori, Barcelona, 2001) es un libro donde César Aira se enfrenta a sus propias obsesiones y pone a vagabundear su mirada para colocarla sobre cualquier objeto o circunstancia. Acostumbrados los lectores a un Aira de textos de ficción (Cómo me hice monja, La mendiga, La villa, entre otros), historias muchas veces descabelladas y con personajes a ratos desternillantes, aquí la consigna es otra: la vida cotidiana del escritor, sus pensamientos al vuelo, las relaciones con el otro, sus viajes a Pringles, sus lecturas, etcétera. Todo esto contado no desde la autoconfesión fatigosa sino desde la disparatada mirada de un testigo descreído de todo dogma, pero sobre todo descreído de sí mismo. Y es que si algo caracteriza la escritura de César Aira es la forma desvergonzada de exhibir sus dudas y perplejidades, su manera irónica y divertida de tratar los asuntos, incluso los más serios. La mirada de Aira tiene la impronta de la alegría, de cierta fiesta del ingenio, pero esa alegría, que se traduce en la velocidad de sus articulaciones, tiene muchas veces como contracara el abatimiento: "Para que un hombre con deficiencias tan abismales como las mías pudiera llegar a los cincuenta años, habría necesitado ser un genio; como no lo soy, tuve que montar un simulacro de genialidad, laborioso y complejo, que inevitablemente dio una figura desequilibrada, con altos y bajos muy pronunciados y fuera de lugar, en realidad la silueta de un monstruo". Brutal confesión, sin duda. Pero al ser tan brutal se acerca a la risa. Es como si la melancolía, al escoger el camino de la confesión directa, optara, paradójicamente, por una nueva máscara e hiciera del dolor una ocasión para la ternura. Cumpleaños es el libro-bitácora de un escritor agotado de los enredos y artificios de la ficción. Cansado de escribir "novelitas" donde la verosimilitud depende de la invención de "los rasgos circunstanciales", de las construcciones falsas y los inventos aparatosos, Aira se ve de pronto en la situación de observarse como un escritor que ya no cree en los "mecanismos" pero que debe continuar practicándolos. Es como si de pronto se dijera a sí mismo: ¿Y para qué todo esto? "A la larga -dice el autor-, me di cuenta de dónde estaba el problema: en lo que se ha llamado la invención de 'los rasgos circunstanciales'; es decir, los datos precisos del lugar, la hora, los personajes, la ropa, los gestos, la puesta en escena propiamente dicha. Empezó a parecerme ridículo, infantil, ese detallismo de la fantasía, esas informaciones de cosas que en realidad no existen. Y sin rasgos circunstanciales no hay novela, o la hay abstracta y desencarnada y no vale la pena". Un autor como César Aira, que ha llevado el género hasta el disparate inteligente o la locura genial, de pronto ve en esa acción algo innecesario y pierde toda expectativa y todo estímulo. Esta confesión la hace Aira de una manera conmovedora, aunque siempre nos quedará la duda de hasta qué punto ésta no será una trampa en la que estamos cayendo y que en el fondo el autor se ríe de sí mismo, de su trabajo y, por supuesto, del lector. Creo que el verdadero protagonista de Cumpleaños no es ni siquiera César Aira sino su ingenio. Y el ingenio siempre es algo así como un doble enmascarado del autor: su espejo ideal. Esto, sin duda, es una virtud, pero también un inconveniente. Una virtud porque hace de la escritura un verdadero laboratorio de la agudeza y de la chispa, y un inconveniente porque el ingenio es, si bien el lado más atractivo, también el más superficial de la inteligencia. César Aira no pretende escribir la historia de su propia vida ni quiere confesarnos sus secretos más ocultos. Aira opera de la siguiente forma: confiesa sus debilidades de forma muchas veces humorística y termina haciendo de su propio sujeto una caricatura graciosa. Por ejemplo: "Mi estilo es irregular: atolondrado, espasmódico, bromista; bromista por necesidad, por tener que justificar lo injustificable diciendo que en realidad no hablaba en serio". Y es que Cumpleaños es la biografía, no de un escritor sino de una escritura. Una escritura que vagabundea, se entretiene, busca, conversa, bromea, sin reparar en la estructura de su discurso sino en las ramificaciones nervudas de la mirada que la propicia. Una escritura entregada a su libre juego de encadenamientos y articulaciones, donde el verdadero tema, como decía Montaigne, es el Yo, el sujeto que escribe. Por eso Cumpleaños puede también ser leído como un ensayo, un ensayo que se entretiene en la búsqueda de su propio tema, un ensayo apenas sostenido por la nada, sólo que esa nada viene a ser, al final y paradójicamente, el autor mismo. Gustavo Valle. Ensayista y poeta |
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