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Lluvia
en la casa
La lluvia, otra
vez la lluvia sobre los olivos.
No se por qué volvió esta tarde
si mi madre ya se fue,
ya no viene a la terraza para verla caer,
ya no levanta los ojos de su costura
para preguntar: Oyes?
Oigo, mamá, es otra vez la lluvia,
la lluvia sobre tu rostro.
Lágrima
De los ojos
me caes,
redonda hermosura.
Casi fruto o luna,
caes desamparada.
Regresas al agua
más pura del día,
oscuro alimento
de altas azucenas.
Breve arquitectura
de la melancolía.
Lágrima, apenas.
Eugenio
de Andrade
Versión:
Nidia Hernández

Foto: cortesía Angria Ediciones
Sophia de Mello Breyner respira entre la
sencillez
y el rigor formal
Musa
Musa enséñame
el canto
Venerable y antiguo
El canto para todos
Por todos entendido
Musa enséñame
el canto
El justo hermano de las cosas
Incendiador de la noche
Y en la tarde secreto
Musa enséñame
el canto
En el que yo regrese
Sin demora y sin prisa
Tornada planta o piedra
O tornada pared
De la casa primigenia
O tornada murmullo
Del mar que la rodeaba
(Yo me acuerdo
del suelo
De madera lavada
Y de su perfume
Que la atravesaba)
Musa enséñame
el canto
Donde el mar respira
Cubierto de brillos
Musa enséñame el canto
Del recuadro de la ventana
Y del cuarto blanco
Que yo pueda
decir como
La tarde ahí frisaba
En la mesa en la puerta
En el espejo en el cuerpo
Y como los rodeaba
Pues el tiempo
me corta
El tiempo me divide
El tiempo me atraviesa
Y me separa viva
Del suelo y la pared
De la casa primitiva
Musa enséñame
el canto
Venerable y antiguo
Para atrapar el brillo
De esa mañana pulida
Que posaba en la duna
Dulcemente sus dedos
Y clareaba las paredes
De la casa limpia y blanca
Musa enséñame
el canto
Que me corte la garganta
Antinoo
Bajo el peso
nocturno de los cabellos
O bajo la luna diurna de tu hombro
Busque el orden intacto del mundo
La palabra no oída
Largamente bajo
el fuego o bajo el vidrio
Busqué en tu rostro
La revelación de dioses que desconozco
Sin embargo
pasaste a través de mí
Como pasamos a través de la sombra.
Escucho
Escucho mas
no sé
Si lo que oigo es el silencio
O a Dios
Escucho sin
saber si estoy oyendo
El resonar de las planicies de vacío
O la conciencia atenta
Que en los confines del universo
Me descifra y mira
Sólo
sé que camino como quien
Es visto amado y conocido
Y por eso en cada gesto pongo
Solemnidad y huella
Sophia de
Mello Breyner Andresen
Versión:
Nidia Hernández
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