Mensaje al Pez

NOTAS CONTRA-AMBIENTALES

Ni nos entendemos
ni nos matamos

Una de las mitologías que desde hace décadas anida en la cabeza del venezolano tiene que ver con el papel que cumple la retórica en el discurso público. Para entendernos, los venezolanos suponemos que todo aquello que suena a "retórica" no es otra cosa que una mentira. Nada más falso, una mentira es una mentira, y eso lo vienen demostrando desde hace dos mil años los grandes rétores universales. La información, quiere liberarse y más temprano o más tarde la verdad surge como un bien colectivo, independientemente de todos los floreos y torturas del lenguaje que se hubieren practicado.

El arte retórico cumple esencialmente tres funciones, y las tres se corresponden con el problema de la veracidad. La primera función es persuasiva. Como demuestra Aristóteles, no es posible movilizar el pensamiento ni la conducta sin una estrategia de seducción. Quevedo lo dice mejor: no conviene decir la verdad desnuda, siempre es bueno ponerle una camisa. Cícero, el más grande de los oradores romanos entiende perfectamente ese problema y en consecuencia, diseña el sistema educativo republicano con la intención de dotar al ciudadano de las habilidades críticas para sobrevivir en democracia, entre ellas, muy especialmente, el arte retórico.

La segunda función tiene que ver con la limitación que poseen las ciencias exactas para dar cuenta de los asuntos vinculados a la política, la medicina, la justicia, la historia y la religión. Hay muchas cosas que la certeza matemática no puede anticipar en estos terrenos, pues se trata de aspectos de nuestra vida cotidiana que dependen de la memoria, los deseos, las frustraciones y los logros. La posibilidad de ocurrencia de una guerra es algo que se dirime, por ejemplo, casi estrictamente en el terreno retórico. Cuando le echamos los perros a alguien, sólo tenemos un margen dado de probabilidad de que nos hagan caso, y en ese sentido nos hacemos de estrategias retóricas, las más variadas para aumentar nuestra posibilidad de éxito. Muy poco o nada pueden aquí opinar las ciencias duras.

La tercera función se relaciona con la inventiva humana. Vico, leyendo a Cícero, se da cuenta de que la retórica es esencialmente un método de descubrimiento. Jugando con las palabras revelamos sectores ocultos del mundo y los hacemos inteligibles. Son las destrezas que permiten a un Cervantes catalogar todas las conductas humanas o nombrar por ejemplo a la teoría de la relatividad. Sin determinados giros retóricos no descubriríamos ni entenderíamos nada. En fin.

Si así son las cosas, ¿por qué se asocia entonces a la retórica con la mentira? Esa pregunta la responde Roland Barthes y lo que descubre no es de poca importancia. Barthes anuncia que existen figuras retóricas falaces, diseñadas para la mentira y de éstas hace una lista exhaustiva. Barthes las llama "figuras ideológicas". Una muy famosa es la "vacuna". Consiste en confesar un mal accidental de una situación para mejor camuflajear un mal esencial a la manera de una vacunación, o como decía Frías en su discurso de reinauguración, el pasado 16 de abril: "nadie niega que pueda haber alguien armado en los círculos bolivarianos, y si es así, así no nos sirven…". Otra que apunta Barthes es la "constatación" en la que se traduce la ideología en un proverbio o máxima o como cuando alguien dice: "querer es poder", lo que por cierto se ajusta con precisión al infeliz sofisma inaugural de nuestro flamante nuevo ministro de Cordiplan. Una tercera de entre muchas otras es la "cuantificación de cualidad". En este caso se reduce una cualidad a una cantidad: "si se vende mucho es porque es bueno" o "él ganó por mayoría de votos, luego…".

La denuncia de las figuras ideológicas es antigua en la historia de la retórica. Aristóteles tiene justamente un libro llamado Elenco de los sofismas, destinado a describir las expresiones falaces. Destaca por ejemplo la "falacia del consecuente" en la que se concluye indebidamente un efecto de una causa: "a cada punto menos de inflación salen X venezolanos de la pobreza". Mencionamos también la "falacia del accidente" en la que se atribuye como esencial lo que en verdad es un accidente o, como diría Elías Jaua de José Vicente: "el siempre ha defendido los derechos humanos, mal podría ahora llamar a los círculos bolivarianos para que atacaran a la población".

Y aquí sí entramos en materia porque lo que está sucediendo en el discurso público es muy grave para Venezuela, pues el Gobierno ha pasado de usar una retórica falaz a usar una retórica simplemente psicopática, llamando abiertamente a la guerra civil. "El pueblo no amenaza -decía en estos días JVR- el pueblo actúa y esto no es una amenaza", con lo cual hecha mano, por cierto, de una "falacia de sentido compuesto" como el que dice: "quien anda no está sentado".

A lo que venimos hoy es a confirmar que para la mayoría de venezolanos que reclama la renuncia del Gobierno, no le queda otra opción que la de poner en marcha un programa intenso de desobediencia civil, un dispositivo político que inventa Ghandi y que figuras como Luther King Jr., Mandela, Walesa o los Otpor serbios vienen perfeccionando a lo largo del siglo XX y que sepamos, nunca ha fracasado. La DC se utiliza para enfrentar la brutalidad y su principal estrategia retórica es la transparencia, la insistencia, la decisión, el humor, las técnicas de mercadeo y la no-violencia. Porque yo mi pana, ni estoy armado, ni estoy dispuesto a matar a nadie, pero eso sí, y conviene que lo sepa José Vicente, las bolas en este país están democráticamente distribuidas y las vamos a usar para desobedecer hasta que renuncie el Gobierno y el primer objetivo, cumplo en anunciarlo, es el de exigir la salida del Fiscal que ha demostrado ser un servil, un incompetente, un cómplice y además y, por si fuera poco, un poeta mediocre, lo que es de por sí imperdonable.

Aquiles Esté. Semiólogo y Publicista

 
N 36 Año V
Caracas, sábado
8 de junio
de 2002
 
 


De Madrid
a Caracas frente a la realidad actual del arte

Nela Ochoa: sin arte, no hay feria
(Thelma Carvallo)

 
 

Creación
Sophía de Mello Breyner
y Eugenio
de Andrade para saludar
el Día Nacional de Portugal

Tras la palabra no oída
(poemas
)

 

Apuntes

Traducción
y creación
(Alejandro Oliveros)

 
 

Mensaje
al pez
Notas contra-ambientales

Ni nos entendemos
ni nos matamos

(Aquiles Esté
)

 
 

Entrevista
Tomás Eloy Martínez rasga
la tela invisible
de lo real

Tras
la pesadilla
del hombre

(Doménico
Chiappe)

 

 

Reseña
"Sombras sobre el Hudson"
de Isaac Bashevis Singer

Incertidumbres del judío moderno
(Laura Arias
)