Reseña

"SOMBRAS SOBRE EL HUDSON" DE ISAAC BASHEVIS SINGER

Incertidumbres del judío moderno

Las crisis espirituales de este siglo y la aventura del hombre moderno sirven
a Isaac Bashevis Singer como telón de fondo para Sombras sobre el Hudson, "novela coral" que, como reseña Laura Arias, "nos introduce de manera inteligente y sobria en las incertidumbres del judío moderno" y en la que el escritor polaco despliega un reparto de personajes que se debaten entre "conservar los principios de la Torá o asimilarse" a la cultura norteamericana

En Sombras sobre el Hudson (Tiempos Modernos, abril del 2000), Isaac Bashevis Singer (Polonia 1904-Estados Unidos 1991) nos introduce de manera inteligente y sobria en las incertidumbres del judío moderno -y de lo que puede significar ser judío después de Auschwitz- centrándose en dos generaciones: la de los que encontraron refugio en Estados Unidos huyendo del Holocausto, y la de los hijos de éstos nacidos en la cultura norteamericana. Autor prolífico, Premio Nobel de Literatura en 1978, judío de origen polaco y nacionalidad norteamericana, Singer centra sus inquietudes en el mundo judío, pero hace de éste una expresión universal. Prologada por Bernardo Atxaga, Sombras sobre el Hudson narra las crisis espirituales de este siglo, la aventura del hombre moderno y el sin sentido de su vida. Pero por encima de todo, es una búsqueda de la representación del judío en una sociedad moderna. Escrita en yiddish y publicada por entregas en un periódico a finales de los años cincuenta, y sólo póstumamente aparecido, en forma de libro en 1997, Sombras sobre el Hudson es una novela coral donde todos y cada uno de sus personajes tienen el mismo peso y cuyas historias diversas confluyen en un mismo lugar: la adaptación del judío emigrante en Norteamérica. Sus personajes, magníficamente trabajados, expresan a través de sus reflexiones la posibilidad de conciliar un pasado inmediato y un presente incierto, una estructura social y religiosa frente a un espacio social distinto. Es decir, el reto de conservar los principios de la Torá o asimilarse. Grein, el profesor Shrage, Boris Makaver, Solomon Margolin, Ester, Anna, entre otros personajes, conversan largamente de política, filosofía, del amor entre hombres y mujeres, de la muerte, del sufrimiento, y de Dios. Y es el conjunto de estas conversaciones lo que da cuerpo y sentido a la novela.

Singer se revela como un gran conocedor del alma humana. Sus personajes se enfrentan sin miedos a sus propios temores, dudas e incertidumbres. Si Freud estudia el malestar en la cultura Singer describe lo que produce ese malestar: la libertad, paradójico obstáculo, arma de doble filo, para el logro de la felicidad.
Todo transcurre en Norteamérica y particularmente en Nueva York. En una de sus reflexiones Grein dice: "No resultaba fácil madrugar a diario para desplazarse a la sinagoga: exigía esfuerzo y disciplina, implicaba un gasto. Nueva York no era ningún shtetl de Polonia, donde todos vivían a dos pasos del oratorio, al otro lado de un sendero polvoriento. En Norteamérica la influencia gentil lo impregnaba todo; los procedimientos y las tentaciones eran innumerables. Ahí había que mostrar, sobre todo, firmeza de carácter". Otro de los personajes, el profesor Shrage se pregunta "¿Cómo van a subsistir los espíritus en medio de semejante bacanal?".

Frente a este abandono de las prácticas judías, Boris Makaver se cuestiona: "Qué clase de judío son los niños norteamericanos? Desconocen por completo el significado de ser judío …Allí los niños crecían sin ningún patrimonio cultural. Sus personajes espirituales eran los personajes de Hollywood, los de las novelas basura, los de la prensa amarilla… Crecerán como gentiles hebreos". Observar el comportamiento de las nuevas generaciones y su abandono del judaísmo obliga, inevitablemente, a abrir interrogantes acerca de la propia fe. Esto trae consigo otro conflicto: si los padres no logran entender a un Dios que permite el sufrimiento y la aniquilación de los judíos por parte de los nazis, tampoco entenderán la aniquilación que sobre los judíos y no judíos lleva a cabo Stalin. ¿Por qué callaban los judíos? ¿Por qué olvidaban? Boris Makaver se pregunta: "Si nosotros olvidamos nuestra propia pérdida, cómo vamos a pedir a otros que la recuerden?".

A medida que vamos recorriendo las páginas de Sombras sobre el Hudson parecen escucharse las voces de todos aquellos que se han preguntado el porqué de Auschwitz. Cuando Hannah Arendt publicó Eichmann en Jerusalén (1963) sufrió el repudio de muchos por mencionar la participación de los consejos judíos instituidos por las comunidades judías en el exterminio de su propio pueblo. Encontramos en ella, como en Primo Levi, Elie Weisel, Giorgio Agamben -en su excelente análisis Lo que queda de Auschwitz- y en Singer la culpa que impregna los actos por haber sobrevivido. Culpa que se manifiesta en uno de los personajes al decir: "Lo que incontables generaciones de judíos habían construido con el mayor sacrificio lo he destruido en unos pocos años". Singer nos sitúa en el universo moral y afectivo de quienes lograron escapar de los nazis pese a que sus esposas, hijos y familiares perecieran en los hornos. Pero no se trata sólo de eso.

Lo destacable en Singer, su postura ética, lo que hace inmensamente humanas estas páginas, no es insistir en preguntar por el olvido de los judíos sino más bien tener presente que recordar, como decía Benjamin es "cepillar la historia a contrapelo".

Sombras sobre el Hudson refleja la vida misma en todas sus dimensiones, humana y política, las penas y alegrías de una comunidad dentro del momento histórico que le ha tocado vivir: "…la vida moderna se halla sumida en los bajos fondos. Boris no olvidaba estas palabras de Grein que ponían el dedo en la llaga". Todos tenemos responsabilidades adquiridas por el hecho de nacer en un lugar o en otro. Singer lo ilustra muy bien: más modernidad, más progreso no significa, necesariamente, mayor aproximación al hombre autónomo y solidario soñado por la Ilustración.

Tal vez la postura ética de Singer nos impida olvidar lo que pone en boca de uno de sus personajes. "El destino de cada persona consiste en buscar sin descanso la esencia de su existir" Y lo que dice otro personaje citando a Heine: "Corazón, mi corazón, no estés afligido y soporta tu destino".

Laura Arias. Psicoanalista

 
N 36 Año V
Caracas, sábado
8 de junio
de 2002
 
 


De Madrid
a Caracas frente a la realidad actual del arte

Nela Ochoa: sin arte, no hay feria
(Thelma Carvallo)

 
 

Creación
Sophía de Mello Breyner
y Eugenio
de Andrade para saludar
el Día Nacional de Portugal

Tras la palabra no oída
(poemas
)

 

Apuntes

Traducción
y creación
(Alejandro Oliveros)

 
 

Mensaje
al pez
Notas contra-ambientales

Ni nos entendemos
ni nos matamos

(Aquiles Esté
)

 
 

Entrevista
Tomás Eloy Martínez rasga
la tela invisible
de lo real

Tras
la pesadilla
del hombre

(Doménico
Chiappe)

 

 

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"Sombras sobre el Hudson"
de Isaac Bashevis Singer

Incertidumbres del judío moderno
(Laura Arias
)