Dieciocho artistas venezolanos "rompen" las formas
y propician vínculos entre arte y vida

Estética de lo fragmentario

La "urgencia humana de com-poner, integrando complejos universos de sentido",
reúne a dieciocho artistas venezolanos en la exposición Fragmento y Universo,
que inaugura mañana 27 de octubre en el Centro Cultural Corp Group. A juicio
de María Elena Ramos, este proyecto expositivo registra esa realidad del mundo que llega "múltiple y fragmentariamente" y propone una comprensión acerca
de temas poco analizados como asunto de fondo en el pensamiento
y el arte de nuestra época



Amalia Caputo / Masculinofemenino, 2002

El artista está necesitado de formar, lo que es ya intentar constituir un universo de sentido. Pero para hacerlo compone, haciendo uso de lo múltiple y heterogéneo (componentes se irán com-poniendo con la finalidad de dar forma). El saber de oficio fue su herramienta. El pintor estructuró partes: matices, tonos, valores, planos, direccionalidades. Y armó sintaxis a partir de incompletitudes.

La tradición moderna fragmentó las formas con el impresionismo, el posimpresionismo cezanneano, el cubismo o el neoplasticismo. El arte venezolano ha sido pródigo en fragmentar imágenes a lo largo del siglo XX, tanto en la tradición abstracto-constructiva como en la abstracto-lírica, en la línea neofigurativa o en la objetualista. Y, más cercanos a nuestros tiempos, en lenguajes del concepto, acciones corporales y artes del comportamiento.

También la realidad del mundo llega múltiple y fragmentariamente a nuestros sentidos. Pero un matiz agrega nuestro tiempo: ciudades modernas, nuevas investigaciones científicas y tecnológicas, sistemas mercantiles y políticos de los últimos siglos aceleraron posibilidades y diferencias, ahondaron transgresiones y potenciaron así enormemente el carácter fragmentario -del mundo y de la naturaleza, de la vida humana y del arte-. Y la cultura leyó entre líneas; dio atención a lo que bordea y a lo que vive en los intersticios.

El arte contemporáneo hace uso de una estética de lo fragmentario en relación con dos realidades de época: una multiplicidad de saberes, recursos y lenguajes que nos llegan -y sólo parcialmente-; el carácter particularmente no unitario de vida y cultura en nuestro tiempo. Por otra parte fue en aumento la transgresión disruptiva frente a discursos asimilados por siglos, pues el moderno se reconoció parcial y se fue alejando de utopías de totalidades. Y la catedral del arte vio crisis y estallamientos, tanto de las formas como del Sentido.

El artista puso, sobre estos temas, conciencia y foco -esa cualidad de lo visible y de lo pensable-. Y hoy mira al arte expresamente en sus separaciones lingüísticas y éticas, y hasta "rompe" las formas para señalar contextos diversamente violentados en los que vive. Pero con el fragmento no todo es quebrantamiento, pues muchas expresiones artísticas de nuestro tiempo propiciaron vínculos multidimensionales entre arte y vida, profundizando posibilidades perceptivas, formativas y reflexivas.

Dieciocho artistas venezolanos y muy variados lenguajes participan en el proyecto expositivo Fragmento y Universo, que ha sido organizado en cuatro zonas temáticas:

Cuerpo, humor y alma
Carlos Zerpa, con Go go radio, es protagonista y diskjockey de una música a la vez pasada y vigente; performer que trama el arte con vestigios de la decadencia, que es sincrética, que vive de las astillas de lo que alguna vez fue -o se pretendió- sólido, en avalancha de imágenes y sentimientos que la nostalgia va descomponiendo… y reinstaurando.

Los dibujos del ocio es un libro de narraciones discontinuas donde Roberto Echeto incluye el dibujo y la idea de dibujar, divulgando hacia otros eso que los artistas hacen como rasgos fragmentarios, sólo para sí mismos. En anotaciones a la vez entrecortadas y sucesivas, Echeto legitima el dibujo: como diario, como separable, como continuable.

Enrique Enríquez presenta su performance El extraño caso de los dibujos mentales, en el que "lee" dibujos de su autoría. Pero los dibujos no existen y Enríquez los irá configurando durante su acción, dándoles cuerpo sólo en la mente de los perceptores. El artista trabaja así dentro de una muestra de artes visuales pero con materias no visibles: el dibujo que no existe y el cuento de humor como instrumento fragilizador.

J. A. Hernández-Diez
/ Sin título, 2000

Desde el día en que Ramsés Larzábal fue invitado a participar en el proyecto Fragmento y Universo, comenzó a anotar lo que recordaba de sus sueños en una agenda. Los sueños a la vez asaltan y apoyan, interrumpen y dan continuidad a la existencia. Con la Esperanza es un sueño que camina, Larzábal hace uso personal y estético del material onírico, ese que penetra universos profusos en significado -represión, deseo- con imágenes fuertemente dicentes que percibimos como desarticuladas y fragmentarias.

Amalia Caputo ha venido haciendo seguimiento fotográfico de los detalles del cuerpo. Su obra Masculinofemenino es tanto propuesta fotográfica como juego -sicológico y anatómico- con las formas de lo humano. La artista ha ido propiciando un diálogo entre el más ínfimo lugar de la piel, ampliado para la imagen, y los más universales y genéricos temas de interés: cuerpo y especie; persona y sexo; superficie y universo.

Re-flexionar lenguajes
Con la instalación escultórica Dejesumensajedespuésdeltono, Jorge Stever hace uso de doble sentido -y direccionalidad- de los medios de comunicación cotidiana. Teléfono, fax, computadora, pertenecen a un ámbito exclusivo, a la paz del recinto, pero también sugieren comunicación incluyente con países y continentes. Leves, por tecnológicas, sus formas tienen también esa densidad escultórica que inevitablemente nos remite a la oscura pátina de la memoria. Abiertas/cerradas, habitan imprecisables entre un pasado que inventaba ficciones futuristas y un futuro que parece agotarse antes de ser alcanzado.

En What I'm looking for, Alexander Apóstol agudiza, con la amplia fotografía, una mirada sobre recientes migraciones, sobre modos expectantes y asertivos en que jóvenes del "Nuevo Mundo" buscan insertarse en el "Viejo Mundo", y sobre lo que dejan atrás de ellos mismos, para hacerse otros y ser rescatados de la realidad de sus países de origen, que sienten padecer.

Juan Araujo actúa como si fuera otro, apropiando en su obra Libros, maquetas y caprichos sobre Alejandro Otero, algunas imágenes de este maestro que elaboran metáforas acerca del cielo. Con sus pequeñísimas pinturas -una al lado de la otra-, Araujo arma tratados del arte en un registro paralelo, para peculiares bibliotecas imaginarias. Investiga, en mínimos formatos, procesos mecánicos y representativos de la gran pintura de siempre, con goce por la cercanía de la materia pero también con distancia inquisitiva -como un moderno-, preguntándose por conceptos, más allá del fragmento plasmable.

En su obra Filler (Relleno), Meyer Vaisman mantiene el gran plano de lo pictórico pero se separa del pigmento y lo matérico para hacer ver la estructura visual del soporte: la trama magnificada de la tela, el fragmento de textura ahora ampliado y protagonista. Perforaciones y zonas aceitosas servirán para abstraer lo que, por siglos, el pintor agrega o sustrae. Y señalando ciertas bases imprescindibles a una artisticidad de siempre, aísla escépticamente lo que el pintor de otras épocas integraba cándidamente. En Vaisman la pintura está, a un tiempo, evidenciada y desaparecida.

Ciencia y naturaleza
Luis Romero investiga la naturaleza del video, toma con la cámara la naturaleza de su propia región -Caribe-, y con multiplicidad de pixels en pantalla elige un detalle, que redunda así en estructura fragmentaria de la imagen. Y, sin embargo, el color de ambiente soleado y el sonido natural de las olas nos recuerdan que acaso el arte que toma la naturaleza como tema sea, por su poder metonímico, el menos fragmentario de todos: una hoja verde nos dice bosque, y una ola pixelada puede aludir a nuestro planeta de las aguas.

Música, matemática y física dan a Alfredo Ramírez bases para su obra Grammophon. Estructura en proceso a partir de la notación musical y sus diferentes intervalos, busca convertir volúmenes sonoros en superficies tridimensionales. Incluso partes de procesos que para la ciencia y la matemática son transitorios por experimentales, pueden producir, por mano de artista, nuevas dimensiones de significado.

Utilizando la computadora como juego de video, en un lenguaje discontinuo-y-continuo por excelencia, Pedro Morales, en la obra 4 Rooms, presenta una casa que aparece en distintos instantes como sitio de lo unitario o de las infinitas sugerencias de multiplicación; de lo alcanzable virtualmente con nuestro cuerpo y de lo francamente inaccesible. La casa es aquí metáfora de todos los sitios que el hombre habita: calle y ciudad, relato histórico o punto político.

En Llegaste con la brisa, Mariana Rondón inventa un laboratorio de imaginería genética, donde el espectador es actor y partícipe, pues en tiempo de clonaciones y de genoma humano, ni artista ni perceptor son ajenos a situaciones que vienen a trastocar sus vínculos fundamentales con la vida o sus temores por un uso eventualmente perverso de los adelantos de la ciencia. El artista es contemporáneo con los alcances y riesgos del proyecto genético. Y, a veces, también consciente: explora entonces sus bordes éticos y estéticos. Rondón explora experimentos genéticos de la cultura: ¿puede acaso ser clonado el Minotauro o el Unicornio?

Semejantes, diferentes y excluidos
Con su performance Tejido amarillo azul y rojo al infinito, Antonieta Sosa teje una bufanda -o una bandera, o una larga banda abstracta- con la que quiere señalar la necesidad de sentarse pacientemente a tejer país. La artista utiliza aquí una poética del conjunto y el elemento, donde los fragmentos constitutivos -el hilo como línea, el tejido como plano, el color yuxtapuesto a color- van a actuar desde un afecto hacedor que teje factibilidades y entrama ciudadanía.

Con el lenguaje del grabado, Lihie Talmor reproduce una realidad atomizada por contiendas eternas. Una serie de fotografías tomadas por la artista en la nueva frontera entre Líbano e Israel dio la base para la obra Contraseña, serie de fotograbados en los que Talmor utiliza imágenes divididas para señalar una humanidad enfrentada con violencia y una geografía atravesada por todo tipo de bardas y puestos fronterizos. El lenguaje de la estampa observa el drama del odio. Y aguafuerte, aguatinta y barniz blando se van superponiendo armónicamente para señalar yuxtaposiciones inarmónicas en los conflictos reales.

Javier Téllez presenta en sala un monitor de circuito cerrado del equipo de vigilancia de CorpBanca, y remite al espectador, con la obra 1 P.M., a la patrulla de la Policía Metropolitana que se encuentra en el estacionamiento del edificio. La patrulla de quienes vigilan el orden público es ahora vigilada por el público del arte. Un fragmento -la pantalla de video- toma un objeto completo y parte de su contexto ambiental. Ante los acontecimientos de la política nacional, estos discursos se potencian o desarticulan en nuevas reflexiones: no es una patrulla de cualquier cuerpo policial, sino de la PM, órgano de la ciudad "enfrentado" al actual Gobierno y, al mismo tiempo, "tomado" por fracciones del oficialismo. La obra se abre a la realidad-sucediendo en nuestra fragmentada vida pública.

Con Fachadas, Sandra Vivas apropia el modo de división de la pantalla televisiva que, en señalamiento crítico, utilizaron las estaciones televisoras el 11 de abril de 2002, mostrando simultáneamente la masacre de Puente Llaguno y el discurso presidencial. El espacio urbano es lugar de despliegue: se recorre con el video desde dos polos, a lo que Vivas añade una metáfora de direccionalidad política: Este-Izquierda y Oeste-Derecha. La ciudad, en el flujo de su vialidad, pasa a ser objeto de seguimiento: se le sigue física y conceptualmente; metafórica o políticamente, se le sigue y se sigue en ella, buscando aún algún punto mediador, como la Plaza Venezuela, centro simbólico donde coinciden los dos sentidos.


Alexander Apóstol / What I'm looking for, 2002

También hay semejantes, diferentes y excluidos por la cultura de masas. José Antonio Hernández-Diez agiganta ese instrumento básico y cotidiano, la cuchara, que se plantea así en distintas funciones y referencialidades. Unos la utilizan para comer en mesas bien servidas, otros para escarbar en los basureros, otros, como los jóvenes adictos de las grandes ciudades, para calentar el crack. El objeto se muestra como signo de una memoria integradora -comida de infancia, recompensa del postre- y también como fragmento de la sociedad industrial. Hernández-Diez se considera a sí mismo un ensamblador de partes.

Fragmento y Universo propone una comprensión -desde la experiencia de creación de las obras y desde la reflexión teórica- acerca de temas reiteradamente presentes en la cultura visual, pero acaso insuficientemente analizados como asunto de fondo -y de estructura- en el pensamiento y el arte de nuestra época. El arte es zona propicia tanto al goce estético en cada fragmento sensible como a la urgencia humana de com-poner, integrando complejos universos de sentido.

Maria Elena Ramos. Crítico de arte

 
N 17 Año VI
Caracas, sábado
26 de octubre
de 2002
 
 

Dieciocho artistas venezolanos "rompen"
las formas
y propician vínculos entre arte y vida

Estética de lo fragmentario
(María Elena Ramos)

 
 

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