Mario Briceño-Iragorry: Uno y múltiple

Sobre la biografía histórica, el ensayo, el género epistolar (Casa León y su tiempo, El caballo de Ledesma, En desagravio de Venezuela, La traición de los mejores, El Regente Heredia…), cultivados con la obsesión de comprender a Venezuela y su "crisis de pueblo" por don Mario Briceño-Iragorry (1897-1958), el joven ensayista reflexiona en Al filo de la hora undécima, Premio Internacional de Ensayo 1998-Centenario de Briceño-Iragorry, del cual ofrecemos un fragmento. Los arquetipos y símbolos constituyentes de nuestra venezolanidad y el papel que han jugado las clases dominantes y los intelectuales en nuestra construcción republicana son algunas de las imágenes que aquí se transparentan


Fundación Mario Briceño-Iragorry
Cien años de pensamiento vivo

 

En los textos de diversa naturaleza escritos por Briceño-Iragorry durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, observamos desde una óptica muy personal, una constante asociada a la necesidad de establecer diagnósticos sobre la situación socio-política y cultural de Venezuela y sus habitantes. Y cuando nos referimos a obras de diversa naturaleza, incluimos tanto las biografías Casa León y su tiempo: aventura de un anti-héroe de 1946 y El regente Heredia o la Piedad heroica de 1947, como la carta a Andrés Induarte publicada en 1949 bajo el título de En desagravio de Venezuela, o las consideraciones contenidas en La traición de los mejores escritas en Costa Rica, febrero 1953, pasando por los conocidos ensayos Aviso a los navegantes y Mensaje sin destino, hasta llegar a la Hora undécima, por sólo mencionar algunos de sus trabajos. Indudablemente, las características de estos escritos, así como la intencionalidad y coyunturas históricas en las cuales fueron concebidos, son distintas. Sin embargo, en todos encontramos la insistente necesidad de indagar, interpretar y ofrecer su visión sobre asuntos de variada factura, pero enmarcados en una territorialidad común: establecer un proceso de diagnosis a propósito de los distintos problemas que aquejaban a Venezuela, partiendo de una auscultación en las bases históricas de nuestra patria, o tomando como referencia, los procesos recientes, vinculados a variables endógenas o exógenas.

En tal sentido, interesa establecer las diferentes líneas y matices de su visión interpretativa, en la cual subyace una concepción de la historia que ha logrado configurar a comienzos de los años cincuenta, la cual, siendo distinta a sus posiciones iniciales, es entendida como elemento funcional, como herramienta gnoseológica activa, comprometida y militante, orientada por un objetivo básico: la comprensión de Venezuela y de su crisis de pueblo y el establecimiento de las bases conceptuales para construir una teoría de la venezolanidad que a nuestro juicio, es un planteamiento sintético con vistas a la elaboración de una prognosis.

De esta forma podríamos señalar, en cuanto al diagnóstico asociado al proceso formativo de Venezuela, una línea dirigida a lo que ya hemos mencionado como la auscultación en las bases históricas que dieron pie para dicha conformación nacional. En esta vertiente investigativa se detecta, en primer lugar, una búsqueda que podía estar dirigida a establecer el proceso genético de los arquetipos que luego aparecen como constantes a lo largo del acaecer socio-histórico y político de Venezuela, o que detectase elementos simbólicos para las acciones de resistencia cultural como fue el caso de El caballo de Ledesma. A esto se sumaría una segunda línea dirigida a interpretar el papel de las clases dominantes en el proceso constructivo del país y a evaluar el papel de los intelectuales como adminículos plegados al poder, a partir de la etapa republicana. Este tipo de investigación conduce a lo que hemos denominado "balance diacrónico".

A estas estrategias se suma un segundo bloque de reconsideraciones y propuestas, en las cuales detectamos todo lo expuesto en torno a la crisis de pueblo, y la armazón de una serie de categorías asociadas a una nueva idea de la historia (estimada por nosotros como un segundo momento de su pensamiento historiográfico), amén de sus diagnósticos sobre situaciones recientes con incidencia significativa en el campo cultural y en la sociedad venezolana. Esta segunda línea de estudio está orientada a un "balance sincrónico".

Arquetipos y símbolos históricos

Entre sus numerosas investigaciones como historiador, Briceño-Iragorry desarrolla —ya lo anotamos— una línea dirigida a detectar en el pasado, la configuración de elementos estructurales que le permitan interpretar el presente, y a la vez, generar símbolos utilizables en los actos de resistencia. Esta intencionalidad la ubicamos en los trabajos de corte biográficos —o biografías históricas— y ensayos, destacando El caballo de Ledesma, Casa León y su tiempo: aventura de un anti-héroe y El regente Heredia o la piedad heroica. Además de éstas, cabe recordar la única novela escrita por el autor —Los Rivera— concebida como un estudio sobre la formación de la burguesía venezolana, tal como lo advierte Germán Carrera Damas.

Con esta intencionada selección, no pretendemos restar méritos a otros trabajos de igual corte biográfico, pero ocurre que, en los títulos señalados bulle una fuerza analítica y moral, en algunos casos, y en otros, una suerte de radiografía sobre procesos históricos de importancia capital en la evolución de Venezuela. Por último, el autor se aboca al desentrañamiento de mitos y arquetipos, esfuerzo enmarcado en el balance diacrónico antes señalado.

Para comenzar, tomemos El caballo de Ledesma, que más que un ensayo puede ser entendido, plegándonos a las palabras del propio autor, como la invocación de un mito enterrado en el hondón de nuestra historia, para ser convertido en símbolo y espíritu, en arma de resistencia "…ante el peligro que representaron los nuevos piratas de la cultura". (1:24).

En este marco de arquetipos, Alonso Andrea de Ledesma, viejo hidalgo que en las postrimerías del siglo XVI, en defensa de Caracas, había levantado la adarga y la lanza para enfrentar, en acción solitaria, al invasor anglosajón a costa de su propia vida, pasa a transformarse, por el ritual propiciatorio de Briceño-Iragorry, en dios de lucha ante la amenaza de la Alemania hitleriana, cuya furia había sido ocasionada por el despertar de Wotan, dios germánico que desencadenaba las tormentas y la efervescencia, las pasiones y el anhelo de guerra.

Don Mario invoca "...El mito de Alonso Andrea de Ledesma en días nublados para la patria, cuando la amenaza de un ataque alemán a nuestras costas llevó temblores de agonía aún a espíritus juveniles" (1:19). Era necesario entonces oponer resistencia a los "bárbaros rubios", para que jamás pisaran "el suelo de la Patria", y de llegar a ella, sólo arribasen "para buscar el sosiego después de la derrota".

En Consideraciones sobre la historia actual Carlos Gustavo Jung describe cómo el movimiento hitleriano había puesto en pie a toda Alemania, dando "…el espectáculo de una migración de pueblos. Wotan, el caminante, había resurgido". Y aquel murmullo "…en la selva del inconsciente no lo percibieron solamente los jóvenes, entusiastas del solsticio, sino que lo (habían) presentido Nietzsche, Schuler, Stefan George y Klages". (2:20).

Ante ese desencadenamiento de los arquetipos germánicos, Don Mario echa a andar el viejo corcel de Ledesma, haciéndolo reaparecer "sobre la faz de nuestra historia con su ímpetu de mantenido frescor".

La interpelación de la historia —hecha por don Mario— para una acción de defensa espiritual, quizá tenga en Alonso Andrea de Ledesma, su primera tentativa afortunada. La importancia de esta operatoria es señalada de la siguiente forma:

"…el símbolo de Alonso Andrea de Ledesma es de un profundo realismo y de un alcance por demás moralizador en el plano de los hechos. Ledesma es la imagen del hombre que no vuelve a mirar a su lado en busca de vecinos en quienes afincar la fe de sus conceptos". (1:31)

Pero, si El caballo de Ledesma representa la tentativa de invocar mitos y bruñir símbolos, que es lo mismo que auscultar en el inconsciente histórico de los pueblos, para diseñar pequeñas tecnologías espirituales en pos de la defensa y la soberanía de la conciencia, Casa León y su tiempo: aventura de un anti-héroe y El regente Heredia o la piedad heroica configuran la síntesis arquetipal de dos polos conductuales, tipificadores de la actitud político-moral inscrita en el inconsciente histórico del colectivo venezolano.

Extraídos de la época colonial, en el momento preciso cuando se comienza a operar la transición hacia la experiencia independentista, Casa León y Heredia encarnan la tesis y la antítesis de un arquetipo andrógino, que a lo largo de toda la historia republicana fluirá en cualquiera de sus dos facetas: Casa León que es hablar del oportunismo, la traición, la deposición del interés colectivo en beneficio del interés individual; Heredia, encarnación de la moral, el imperio de las leyes, la justicia, la honestidad, el uso del poder y el derecho para bien de la sociedad.

Del lado negativo de ese arquetipo, Briceño-Iragorry deriva el casaleonismo entendido como "…la permanente ondulación de la sierpe de la oligarquía capitalina, opuesta a toda idea que contraríe la prepotencia de su grupo, y dispuesta, en cambio, a tomar el matiz del gobierno que la apoye". (3:112).

Esta descripción sobre el casaleonismo es complementada, a partir del propio personaje:

"Casa León es quien corrompe y destruye todo ideal de justicia, así ande envuelto en títulos de aparente honorabilidad y de gravedad jurídica.

Ha estado con todos los gobernantes, los ha explotado a todos y a todos ha traicionado. Para sus fines lo mismo ha sido la política de Gómez, de López, de Medina, de Betancourt y de Gallegos, siempre que éstos les hayan garantizado los eternos privilegios". (idem).

En la evolución política venezolana, la dialéctica de estos dos opuestos, Casa León y Heredia, ha tendido a ser resuelta hacia el punto negativo. Tan es así, que el mismo Briceño establece el balance diacrónico de este hecho en La traición de los mejores, extraordinaria síntesis sobre la actuación política de las clases dominantes en Venezuela, desde la Colonia hasta el presente siglo.

Partiendo de lo antes señalado, si Casa León y su tiempo nos revela parte de ese contenido arquetipal, de ese modelo de actuación política asociada al anti-héroe, La traición de los mejores nos ofrece las formas de objetivación concreta aportadas por dicho modelo en diferentes momentos de nuestra historia, con protagonistas vinculados a la oligarquía y a las formas de gobierno. Parte de las fallas en el proceso de construcción de la República, de las injusticias cometidas contra el pueblo, de los desaciertos del presente, son explicados por la traición de los mejores, que es hablar de las clases dominantes, donde abundan los casaleones con su "moral" de lucro y de infidencia.

Notas
1. Briceño-Iragorry, Mario: El caballo de Ledesma.
En: Obras Completas. Caracas.
Ediciones del Congreso de la República. 1990. Vol7. pp.15-111.
2. Jung, C. G. Consideraciones sobre la historia actual.
Madrid. Ediciones Guadarrama, 1968.
3. Briceño-Iragorry, Mario. Así ha sido mi vida.
En: Obras Completas. Caracas. Ediciones
del Congreso de la República. 1988. Vol. 1. pp. 103-116.

 

Fidel Rodríguez Legendre. Ensayista

 

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