Cine

PEDRO ALMODOVAR, NACIDO PARA EL OSCAR

La utopía femenina

La nostalgia por lo femenino pareciera no abandonar a Pedro Almodóvar en su proyecto artístico.
Su nuevo filme, Todo sobre mi madre (nominado al Oscar 2000), a más de revelar un profundo conocimiento del alma femenina es, tal como apunta Julio Ortega, "la construcción de una utopía
de la feminidad", un mundo alternativo en el que cada quien desea ser otro, "donde los hombres parecen ser el pretexto que tiene la mujer para convertirse en otra"



Pedro Almodóvar, de la mano de las cámaras


Todo sobre mi madre revela mejor que ninguna otra película suya el proyecto artístico de Pedro Almodóvar: la construcción de una utopía de la feminidad. Si su cine se puede entender como el festivo e irónico intento de representar a la mujer como un enigma tan irresoluble como asombroso, su última película, en cambio, es un proyecto más serio por convertir este mundo en otro, materno y emotivo, sentimental y solidario. Esa utopía está construida por la nostalgia de lo femenino, que es una fuerza vivencial y entrañable, capaz de dar de beber al sediento y posada al peregrino.

Almodóvar debe haber ido contaminando la realidad con sus fabulaciones estrafalarias, vidas marginales, violencia emocional y penas de amor posmoderno. Su estilo se remonta al vodevil, el folletín, la música popular; pero también está hecho en la vida urbana de estos tiempos españoles, donde nadie es imposible y cualquiera es el héroe de su biografía. Viene del linaje de Fellini, aunque su arte es más cotidiano, más inclusivo. Por eso, su estilo está hecho en el espectáculo: hay chicas almodóvar como hay vestidos almodovarianos y hasta situaciones de humor almodovarista. Debe haber filmado la comedia erótica de entresiglos, ese arte de amar apasionado y arbitrario. Tiene el ritmo casual y vehemente de la urbanidad variopinta de nuestras ciudades, donde cualquiera puede ser actor extravagante de su vida rebobinada.

Pero en Todo sobre mi madre Almodóvar demostró que es un artista de ambición cervantina: abandonó su estilo y salió a rehacer el mundo. La nostalgia de lo femenino se convirtió en la utopía de la feminidad; esto es, en un mundo alternativo, donde cada quien desea ser otro, pero donde todos buscan descubrirse en la emotividad, los valores y las alianzas de la mujer. El hijo muere en el culto de la mujer arquetípica, la gran actriz: su sacrificio a nombre del teatro del mundo femenino transforma a su madre, que sale, quijotescamente, de Madrid materna hacia Barcelona paterna. Va en busca del padre del hijo sacrificado, sólo que este padre no es hombre ni mujer: es un travesti, o sea, un militante de la nostalgia. La amiga, la Drago, representa a otro travestido, pero se trata de una actriz que hace de hombre disfrazado de mujer. El anciano padre sin memoria es el último ejemplar masculino en este mundo femenino, donde los hombres parecen ser el pretexto que tiene una mujer para convertirse en otra. Hasta la pareja de actrices es una pareja lesbiana. Y el niño que nace contaminado de Sida anuncia su futuro cuando en brazos de su padre (el mismo travesti) lanza su primer grito de protesta contra la paternidad. En todo caso, se anuncia al final la cura del sida. No en vano estamos en la Ciudad de la Mujer.

Utopía significa "no hay tal lugar", pero la Ciudad de Almodóvar subyace a la vida cotidiana como el proyecto radical de una comunicación humanizada por la omnipresencia materna. Ese eros religador da cuenta también del juego y la pasión de imaginar una comunidad libre de sanción y condena.

Por una vez, el Oscar (ya almodovareño) afirma esa libertad.

Julio Ortega. Ensayista

N° 43 Año III
Caracas, sábado 26  de febrero de 2000
 
 
 
 
 
 

 

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