Creación

ALDA MERINI SE LLAMA, DESDE LAS TELARAÑAS DE SU ALMA

Santa, sanguinaria e hipócrita

Aunque nació en primavera (Milano / 1931), poco ha visto la luz; mas ha vislumbrado el infinito,
casi siempre desde las ventanas de los manicomios en los que estuvo recluida
y en los que se ejercitó en el silencio hasta descubrir que "nacer loca (…) pudiera desatar
tempestad". Luego, aferrada a un cigarrillo, no le ha dado tregua a la poesía, ni a los lectores
ni a los críticos: "Muchos le dieron a mi modo de vivir un nombre/ y fui solamente una histérica".
Otros tantos, como lo deja saber Gina A. Saraceni, quien vierte su universo al castellano,
han sentido como ella un olor de luna y han ardido
en la inevitable soledad


Foto: Giuliano Grittini

"Mi soledad es ardiente".

"Las máscaras verdaderas no se queman nunca".

(Aforismos)

Alda Merini

Amé tiernamente a unos dulces amantes
sin que ellos lo supieran nunca.
Y entretejí sobre ellos telarañas
y fui presa de mi misma materia.
En mi alma había de la meretriz,
de la santa de la sanguinaria y de la hipócrita.
Muchos le dieron a mi modo de vivir un nombre
y fui solamente una histérica.

***

Encendí una hoguera
en mis noches de luna
para volver a llamar los huéspedes
como hacen las prostitutas
en las aceras de las calles,
pero nadie se detuvo a mirar
y mi hoguera se apagó.

***

El manicomio es una gran caja
       de resonancia
y el delirio se hace eco
el anonimato medida,
el manicomio es el monte Sinaí
maldito, sobre el que recibes
la tablas de una ley
desconocida a los hombres.

 

Canto a la luna

La luna gime sobre el fondo del mar,
     oh Dios cuánto miedo muerto
     de estos arbustos terrenos,
     oh cuántas miradas perplejas
     que suben de la oscuridad
     atrapándote el alma herida.
La luna pesa sobre todo nuestro yo
y también cuando estás próxima al fin
sientes olor de luna
siempre sobre los céspedes martirizados
por los fuelles
por las parodias del destino.
Yo nací gitana, no tengo lugar fijo en el mundo,
pero quizás, al claro de luna,
me pararé tu momento,
lo suficiente para darte
un único beso de amor.

***

Sólo escribe una carta de amor
que tenga la semilla de un gran suspiro
y después olvídala en la memoria
para que yo pueda escucharla.
De noche, cuando duermes,
tú no lo sabes pero vengo a buscarte:
mi frío límite de sueño
se compagina con el tuyo,
vivimos sobre dos desiertos
que al anochecer se transforman en colinas
y desnudo mis senos en la noche
ansiosa de que tú los mires.

***

Cuando entré
     tres ojos me recibieron
     dentro de sus esferas,
     tres ojos enloquecidos
     de enfermedad demencial:
entonces yo perdí los sentidos
entendí que aquel lago
azul era un estanque
cenagoso de desechos triturados
en el que me había ahogado.

***

Viene la mañana azul
en nuestro pabellón:
sobre los bancos de sol
y de crudísima madera
se sientan los enfermos,
no tienen nada que decir,
ellos también huelen a madera,
no tienen huesos ni vida,
están allá con las manos
clavadas en el regazo
mirando la tierra fijamente.

***

Nací el ventiuno, en primavera
      pero no sabía que nacer loca,
      abrir los terrones
      pudiera desatar tempestad.
Así Proserpina leve
      mira llover sobre las hierbas,
sobre los gruesos trigos gentiles
y siempre llora en la noche.
Quizás sea su oración.

 

 

N° 43 Año III
Caracas, sábado 26  de febrero de 2000
 
 
 
 
 
 

 

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