Tributo

"DEL TRAZO Y LA PALABRA" Y DE LAS FOTOGRAFIAS DE ENRIQUE HERNANDEZ D'JESUS

La poesía, imagen y semejanza de Vicente Gerbasi

Vino al mundo para re-bautilizarlo con aire de primer día. Para conducir a los inocentes de vuelta
al Paraíso, para enseñar el catecismo de la belleza americana. Vicente Gerbasi escribió
en el cielo de su aldea, Canoabo, "una ecuación estética con una gran carga vivencial".
Lo que es igual a: la poesía; fórmula ahora indeleble, alquimia del alma, gracias a las prácticas
fetichistas de Enrique Hernández D'Jesús, quien le siguió los pasos al poeta para legarnos
hoy un libro-álbum (editado por Esta Tierra de Gracia,
con la complicidad creadora de otras firmas)


Ni vejez ni juventud: siempre y sólo importó la inocencia


Dentro del arrase que pudiera significar la atroz velocidad que impone estar vivo en un tiempo como este, es la poesía, como oímos decirle a Carlos Contramaestre, la última religión. El poeta Vicente Gerbasi define este espacio: la claridad y el fulgor único de la palabra.

Los materiales que conforman este libro, dibujos en papeles, servilletas, cartones; manuscritos: hológrafo y dibujo sobre cartón mecanuscritos sobre papel, se han preservado gracias a mi actitud fetichista. Fui reuniéndolos sin ninguna intención de publicarlos, o de que sirvieran para algo. Siempre pensé que ellos constituían para mí un objeto, una obra más de las que he ido recogiendo a lo largo de mi vida, alrededor de poetas, escritores, artistas plásticos, soñadores y creadores de las artes. Constituyen un homenaje a la insistencia y al contacto que he creado en torno de la devoción por la palabra manuscrita, por el texto cuyo destino es el basurero, siempre cuidando la llegada en la mañana de la señora que limpia la casa, o de algún agudo amigo que es capaz de llevarse el manuscrito. Con Vicente Gerbasi fueron largos años de convivencia y amor por la literatura, por la vida, por la amistad.

Vicente Gerbasi es la voz del hijo de inmigrante, es la hibridez de la idea fundacional con el otro mundo. La exuberancia del trópico: América. La obra poética de Vicente Gerbasi es una fe auténtica. Canoabo, el pueblo donde nació, en el Estado Carabobo, es el universo donde regocijó el vocablo del origen. Esa palabra elegida. Y de Italia, por su padre, los viñedos, los olivos, el tiempo, el olor del pan y los sabores.
El progenitor del poeta, don Juan Bautista Gerbasi, un italiano de Vibonati, al piedemonte de los Apeninos, frente al golfo de Policastro, le dona la templanza y ternura retratadas en uno de los poemas fundamentales de la poética en lengua española: Mi padre, el inmigrante.

Recogimos la agudeza y la candidez con las que vimos en todo momento al poeta. Con el don de una escritura inminente, una escritura desde lo más sencillo del cuerpo del poema. El poeta consolidó con los ángeles el extraño equilibrio creado en su virtualidad del alma y del permanente encuentro con Dios. La estructura bucólica en su poesía es más formal de lo que aparenta cada verso. El poeta viene de la visión, y vivió la quimera desde lo más profundo.

La poesía de Gerbasi es el verbo de la naturaleza; con un airoso lirismo sorprendió por sus formas expresivas, y permitió ver en su voz al gran creador de metáforas, de musicalidad y de atmósferas renacentistas, por su comunicación íntima con la naturaleza y el cosmos. Sus versos siempre son las más inesperadas proposiciones, alcanzando lo esencial, el alma como cuerpo de la palabra, el alma como atributo de la memoria, organizando el espíritu en silencios que estallan en el infinito, en la Vigilia del náufrago o en el Bosque doliente. En La rama del relámpago el poeta habla del conocimiento mágico de la naturaleza y de la secreta y lúcida imagen de las vivencias esenciales del hombre. Poeta de una extensa actividad intelectual; impulsor de revistas literarias. A su labor de creador sumó la de ensayista sensible cuyo pensamiento influyó en los jóvenes escritores, no para ordenar frías teorías, sino para llamar la atención sobre el papel del lenguaje y su estrecha relación con el ideario poético y estético. El espíritu y la evocación en la exploración de la palabra sagrada: -el poema es una oración- afirmó bastantes veces entre sus amigos poetas, y lo escribió en una de las fotografías publicadas en el libro La semejanza transfigurada.

Muchos conocimientos se aclaran de la poesía de Vicente Gerbasi, esa aproximación tan esmerada a la vida que celebra un pájaro, el olor del cacao y del café, la noche como insospechado estado iniciático y mediúmnico, la huida de una nube, la mirada de su pueblo, de su prolongación, de su inocencia. El viaje por la tierra lejana deja esa sensación de estar siempre asombrándonos. El lenguaje en su escritura fascina por esos instantes definitivos de la confidencia existencial donde cada palabra es universo y vida.

Aquí está presente en estos dibujos. Es una huella en el espacio fundando la vibración profunda del pulso en la poética gerbasiana; más allá de las formas se cumple el milagro del iluminado, el estremecimiento del lenguaje que convive en la línea, en las manchas, en las perspectivas de la eterna libertad del creador. El movimiento de Gerbasi es esta creación. Los distintos momentos en que sorprendió con sus gestos, con el sombrero del trópico, con el sombrero montañés de Vibonati, y en la mirada risueña con la que vio a los leopardos y las culebras, en su infancia, en las noches de Canoabo.

Su diálogo es esta experiencia plástica, entre la imagen y el texto. Movió las palabras en ecuaciones matemáticas, en ritmos puros, en ceremonias comunes de su época. Gerbasi es la imagen, la comunicación con el vocablo, la confidencia con su ser más profundo, cuya fascinación onduló la palabra y el trazo más puro y elemental.

¿Cómo es el poeta, su poesía, su intimidad? Esta es la exhortación a la persistencia de veinte años de trabajo y dedicación, donde se resuelve el acometimiento poético. Los retratos de Vicente Gerbasi de sus amigos, la intimidad, la ternura, los sueños, la palabra más simple, la ocurrencia, la melancolía ante la vastedad del cielo, viven, se expresan en estos dibujos y manuscritos. La imagen y la palabra celebran un encuentro poético, conjurando el infinito y el esplendor de Dios, cuyo testimonio, como objeto estético es evidente. El poeta deja dibujado el rasgo lumínico de la poesía, en el momento en que ve su imagen y descubre un gesto inédito, algún pesar, cierta clara armonía. El contenido de este libro: estados del alma hechos palabra e imagen.

Vicente Gerbasi con su esposa Consuelo
y su hijo Gonzalo

Alguno que otro de estos poemas aparecieron en: Iniciación de la intemperie y El solitario viento de las hojas. Asimismo, en Diamante fúnebre -uno de los últimos libros publicados por el poeta Gerbasi, posiblemente su obra cumbre-, donde la negación de la muerte de la amada escapa al género elegíaco de la poesía y alcanza mayor proposición en el lenguaje poético porque toca el ámbito del exorcismo y al mismo tiempo está cargado de una atmósfera religiosa.

Los dibujos, como ya lo dije una vez sobre los textos en las fotografías de La semejanza transfigurada, salen de la copa de un sombrero, salen sobre el papel, evocaciones y recuerdos del poeta: Salvador Garmendia, Luis Alberto Crespo, Rilke, Neruda, José Gregorio Hernández, San Benito. Otros retratos de sus amigos en servilletas, con ceniza de cigarrillo, con lápices, marcadores, en libretas, en cartones, dibujos en estado permanente de transparencia, creando una iconografía de la realidad, de lo cotidiano donde el poeta se movía.

En Gerbasi se impulsa un dibujo clásico, una línea inicial de academia, pero que en él subvierte las formas creando un rasgo particular, una expresión sensible y poética. No se trata del gran artista plástico, se trata de Vicente Gerbasi, el poeta, de Vicente Gerbasi, el constructor de sueños, el revelador de imágenes, el entusiasta por la vida, por su palabra como fe redentora, como oasis sublime.

Gerbasi
dedicó esos momentos de lo intemporal en la vida de cada dibujo. Son las flores del almendro expresadas en líneas, indómitas manchas de fuerza vital. Se trata de presentar el Gerbasi inédito, él es en el dibujo lo que en su poesía es fuente: naturaleza cósmica, testimonio y prolongación de las formas capaz de asombrar el alma como lo dicen sus propias palabras: "Las aves no vuelan en el cielo, vuelan en el alma". Estas líneas, estas manchas, estos retratos de poetas santos, eran un divertimento, vestido con las mismas pieles del espíritu sensitivo, con la misma fuerza con que Gerbasi comprometía su identidad y su palabra en la plasticidad de lo poético, como atributo: su expresión sencilla.

Era una tarea, ya lo sabemos, ligada a todo principio y fin de los momentos en que nos reuníamos. Ahora lo evoco y considero que he sido iluminado y he crecido con las enseñanzas de Gerbasi, con su generosidad con la palabra, su generosidad con la vida.

Enrique Hernández D'Jesús. Fotógrafo y poeta

Dibujó toda su vida alrededor de "la dama de los helechos", Consuelo



N° 43 Año III
Caracas, sábado 26  de febrero de 2000
 
 
 
 
 
 

 

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