|
Apuntes
JOSU
LANDA NO HACE CONCESIONES A LA MODA
Zarandona, una épica de la pobreza
Hacer literatura
con elementos extraidos de la vida de un personaje del común, "un
antihéroe
cuyas hazañas se podrían resumir en unos cuantos logros, nada espectaculares",
no es fácil;
sin embargo, para Ednodio Quintero, la primera novela del poeta
y filósofo Josu Landa, Zarandona, remonta esa cuesta: el
autor logra una "sustancia densa y al mismo tiempo ligera, maleable,
dinámica y atractiva". Es una "biografía novelada y no autorizada",
no limitada a lo anecdótico, que reflexiona "acerca del sentido
de la vida"
Foto: Esso Alvarez
Josu Landa "logra crear ese fenomeno
tan particular llamado suspenso"
Paulino
Zarandona, un aldeano vasco de treinta años, sobreviviente
de la Guerra Civil Española, llega a Venezuela a principios
de la década de los cincuenta, en busca de un destino mejor:
"una mujer y un nuevo país". Dos años después
se le une su compatriota y prometida Zuriñe, con quien se
ha casado por poder. En los comienzos viven en una especie de ghetto,
en Carapa DF, y allí forman una pequeña familia compuesta
por tres hijos: Imanol, Mikel y Ander. Luego emigran al oriente
venezolano, en las mesetas de Guaicaipuro, tras la quimera del oro
negro. Zarandona trabaja duro para mantener a la familia, al principio
como obrero de unos contratistas paisanos suyos, y más tarde
como mecánico de una empresa petrolera. Cuando el mayor de
los hijos tiene ocho años, Zarandona envía a toda
la familia al País Vasco para que los chicos se eduquen en
la lengua materna y crezcan en el ambiente cultural de sus ancestros.
Paulino Zarandona también aguarda su propio regreso, pues
siempre ha pensado que su estancia en Venezuela será provisional,
un exilio forzoso que pronto acabará. Pero, en palabras de
Mikel, narrador de la novela, el proyecto de Zarandona se verá
frustrado: "Franco no cayó ni murió cuando debía
y nosotros nos quedamos sin padre". Los niños permanecen
en el País Vasco, también sin la presencia de la madre,
ya que ésta, al cabo de un año, vuelve al país
tropical que le ha brindado asilo y trabajo a su marido. Diez años
después, con el regreso de los hijos, la familia se reconstruye.
Pero no por mucho tiempo. Los hijos van a la universidad, a centenares
de kilómetros del hogar. Imanol, el mayor y más politizado
de los vástagos de Zarandona, se rebela contra la autoridad
paterna. La vida sigue su curso, el tiempo no se detiene. Zarandona
continúa trabajando como una mula, progresa, construye una
"casa grande", hace algún negocio con el cual aspira
enriquecerse, fracasa, está al borde de la ruina, se recupera.
A su lado, la fiel Zuriñe es su gran apoyo. Mientras tanto,
el proyecto de Zarandona de volver al País Vasco como un
indiano próspero y triunfador, se va postergando indefinidamente
hasta perder sentido. El déspota español (Franco)
es duro de morir, y Zarandona se va enraizando cada vez más
en las resecas e inhóspitas sabanas de Guaicaipuro. Pero
no todo es trabajo y sufrimiento en la vida de Zarandona: en su
país adoptivo, sin apartarse un ápice de su naturaleza
terca y ambiciosa y sin renunciar a sus creencias y tradiciones,
encuentra espacio para el ascenso social.
Casi cincuenta
años después de la llegada de Zarandona a Venezuela,
la familia: Zuriñe, hijos, nueras, nietos (con la ausencia
del hijo pródigo, Imanol), se reúne en la "casa
grande" para celebrar el cumpleaños 77 del aldeano vasco
devenido en patriarca. Ya todos, sentados alrededor de la mesa,
se preparan para almorzar, cuando suena el teléfono. Llamada
de Imanol. El hijo rebelde, desde algún remoto lugar, se
hace presente. En este punto, y con la frase que sigue, comienza
la novela:
"Yo estaba allí, cuando empezó a sonar el teléfono".
Es Mikel quien
habla (escribe), y desde ese momento hasta la medianoche hará
un recuento pormenorizado de la vida de su padre. Una biografía
novelada y no autorizada, de cuyas líneas argumentales hemos
intentado hacer una síntesis en los párrafos anteriores.
La narración
de Mikel, la novela, más que el recuento de los avatares
de una familia vasca en un país de ultramar, es una extraordinaria
inmersión en las complejidades de la condición humana,
simbolizada en la vida, sueños, fracasos y ambiciones de
un personaje del común: Zarandona: un aldeano terco, rudo
y poco instruido que intenta abrirse paso, a fuerza de voluntad
y pertrechado con principios de honestidad y justicia, en un ambiente
y una época hostiles. "Epica sordina", a decir
del narrador, una épica de la pobreza, las aventuras de un
antihéroe, cuyas "hazañas" se podrían
resumir en unos cuantos logros, nada espectaculares, por lo demás:
haber sobrevivido a una guerra y a la amargura de la derrota, haber
levantado lejos del lar nativo y con su propio esfuerzo una familia,
y disponer en la vejez de un patrimonio bien ganado, pero, desde
su punto de vista, insuficiente. Estos elementos podrían
resultar poco atractivos para construir una novela. En cualquier
caso, servirían para elaborar una crónica documentada
de la diáspora vasca. Sin embargo, el autor, Josu Landa,
logra amalgamarlos en una sustancia densa y al mismo tiempo ligera,
maleable, dinámica y atractiva, hace con ellos literatura.
Y esto es, en última instancia, lo que cuenta para nosotros,
quiero decir para los lectores.
Zarandona
es una novela compleja: esta complejidad se refiere a sus varios
niveles de lectura y a su riqueza expresiva. El autor no se limita
a lo anecdótico, que, de paso, lo hace muy bien. Se adentra
en la mente del protagonista (el biografiado). Reflexiona a través
de Mikel, el narrador (y biógrafo), acerca del sentido de
la vida. "Sin libertad no hay responsabilidad". Habrá
que recordar aquí que Josu Landa es, además
de poeta, filósofo. Sin embargo, en esta narración
sus conocimientos filosóficos están expuestos no como
un dogma o un sistema de valores, sino como una experiencia existencial.
Por otra parte, el autor conoce a fondo y maneja con propiedad las
técnicas narrativas más actuales, hasta el punto de
elaborar una novela que se deja leer desde la primera página
y en la cual el interés del lector no decae en ningún
momento. Un ejemplo de esta afirmación lo constituye el hecho
de que en una historia sin concesiones a la moda (nada artificial
ni puesto para complacencia o escándalo del lector hay en
Zarandona) se logra crear ese fenómeno tan particular
llamado suspenso.
Habrá
que destacar también la intensidad poética de ciertos
pasajes de Zarandona, como aquellos referidos a lo que podríamos
llamar elogio de la sabana o poética de la naturaleza, que
nos traen a la memoria algunas de las mejores páginas de
Canaima, de nuestro novelista mayor, Rómulo Gallegos.
No estoy hablando de influencias, sino de algo más sutil
y natural: afinidades. Y para convocar otro invitado de honor (un
par afín) a esta épica mínima, me atrevo a
afirmar que la visión un tanto amarga y escéptica
y desencantada, y por encima de todo lúcida, de Josu Landa
en relación a la Guerra Civil Española, con su secuela
de cuatro largas y estériles décadas, coincide en
muchos aspectos con las opiniones radicales de ese extraordinario
filósofo Juan Nuño.
Se podría
seguir enumerando y comentando otras muchas cualidades de Zarandona,
la primera novela de Josu Landa, que, vista en conjunto y
ubicada en un contexto histórico, representa un aporte importantísimo
a la literatura venezolana. Pienso, sin embargo, que el objetivo
de una reseña no es otro que el de la invitación a
la lectura. Vamos, pues, leamos Zarandona. Será esta
una manera de conocernos un poco más.
A propósito
de lectura, terminaré esta nota con un comentario que considero
pertinente. La novela de Josu Landa fue editada a finales
del 99 por el Centro Vasco de México, y es poco probable,
dadas las condiciones actuales de balcanización cultural,
que sea distribuida en Venezuela. Sería digno de elogio que
alguna de nuestras editoriales se animara a poner a disposición
de los lectores vernáculos esta magnífica novela.
Zarandona merece y reclama una edición venezolana,
pues por múltiples razones forma parte de nuestro imaginario,
vale decir que es un legado cultural que nos pertenece.
Ednodio
Quintero. Narrador y ensayista
|
|
N°
50 Año III
Caracas, sábado 15 de abril de 2000
|
| |
 |
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
 |
|
|
|
|
|