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mar
rojo
la
roja piedra disuelta en el mar
entre las olas densas
de un recomienzo cargado de algas,
sueños que alteran los nervios
con el sobresalto, la fiebre.
del
relámpago el agua plateada deslumbra,
enceguece, casi la revelación
la rojiza incertidumbre, árboles
desmembrados que sangran, zapatos
prótesis dentales que sonríen
entre cangrejos amedrentados
mancos.
el
mar suena, no los caracoles
es agua truncada
turbia bajo el trueno
es el tumor, el tufo
los bultos al garete en un tumulto
de luto
el
mar suena sin pájaros
sin gente
la soledad rojiza
trae recuerdos de antiguas batallas
galeones hundidos
cañones donde los peces hacen casa
entre fantasmas de barcos negreros
miembros
brazos, gritos dispersos.
algo
se avecina sordo
entre las olas
palpitando secretamente
en las células marcadas
entregadas a la proliferación
por el sistema circulatorio
de la arena
algo
rojo como el lamento
de káspar háuser
la perdida alegría
de lo verde
-ya no quiere
ser cantor
el pequeño elis
murió la droste-
las nubes obscuras se hinchan
como jaulas a reventar.
un
tronco desencajado en la playa
exhausto
poco a poco se deshace
desprenden sus partes en silencio
las heridas
las perdidas hojas donde
posaban las aves la esperanza
de tierra firme
el
mar ronco se escucha esta mañana
un mar entumecido como inmóvil
al acecho de la señal justa
precisa como un cuchillo al cordón
de las arterias
un momento antes
de abrir la piel los desagües.
está
detenido el mar
las olas rompen quién sabe qué
sobre la arena
pero no es agua lo que viene
en este líquido represado
contenido
en el aliento
frío
de la muerte.
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