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Libros,
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ERIKA
REGINATO
Los fantasmas de lo sagrado
La imagen del
padre que se aleja, la resignación, la nostalgia y el amor,
encuentran un espacio
en Día de San José (Eclepsidra, 1999), primer
poemario de Erika Reginato (Caracas, 1977).
Con "pocos momentos de humor" -a juicio de Edmundo Ramos-
la joven poeta establece
un diálogo a través de la muerte y pone al lector
en contacto con "un fantasma que come,
duerme y tiene sed", y luego desaparece en la voz que le otorga
"belleza,
sueños, reducto, compasión"
La
experiencia de adentrarse en los versos de este poemario nos da
la sensación de ir observando cómo del carácter
de lo antiguo, de lo perdido, brota una conciencia de lo sagrado
bajo el efecto ya no de una visión de la muerte sino de un
diálogo a través de ella, nos vamos encontrando con
la revelación del amor; un amor sosegado y resignado. Por
otra parte, Día de San José se nos anuncia
con un título feliz que, más que acercarse a alguna
fiesta de 19 de marzo extraviada en la memoria de los calendarios,
nos da la imagen de un hombre descendiente de un rey, padre putativo
del hijo de un Dios, padre que muere cuando aquel era todavía
un niño. Sin querer hacer analogías, llevar el universo
del poema a la explicación, o meternos en los vericuetos
de las influencias, diré de las cuatro escenas que dibujan
este primer libro de Erika Reginato.
En "El
luto", nos topamos con dos grupos de imágenes, "la
otredad" y el viaje; y lo que parece ser un método de
reiteración en todo el poemario, la imagen del padre, sus
voces y el diálogo a través de la muerte. Aquí
lo sagrado empieza a tomar forma, no desde la mención de
este gran fantasma, sino desde el diálogo interior que desprendiéndose
del cotidiano se inicia entre ambos: No tomo -respondí- /
pensé que lo sabías / Hoy tú no vives / se
torna inútil esperar / pero a lo lejos / veo tu seca mano
/ acércala / arrástrame contigo / hasta el sepulcro.
La alusión a la resignación y la nostalgia no se quedan
en un regodeo maniqueo del dolor, esta vez la conexión es
dada por una anciana. El poema "Intemperie" une los cabos
sueltos, la imagen de Cristo hijo de José, el desamparo,
el viaje. La postura de los versos de Reginato ante la voz
del hombre que se marcha y su inseparable compañera, nos
contaminan con una extraña tranquilidad: Miraba el techo
del balcón / la quietud / el humo de las velas / recién
apagadas.
Junto con "La
enfermedad", aparecen otros dos temibles conjuntos, la habitación
y la pasión, el amor y la soledad. No es azar que sea en
la cualidad individual de la enfermedad donde aflore uno de los
pocos momentos de humor, bueno, de un oscuro humor: Me inyectan
/ chupan mi sangre / y ellos / no son vampiros / Quiero estar contigo
/ de a poco / moriría sin suero / ( nota de hospital).
"El adiós".
La tendencia a ver la despedida como una pérdida se muestra
en estos versos como derrota, como fracaso y me explico, el naufragio
aparece y, con él, la certeza de haber partido y esta vez
zozobrar en la pena; sin embargo, no sólo se evidencia el
hundimiento que termina dentro, también está el naufragio
recurrente: La tormenta no termina / Avanza / en mi vientre. Nuestro
fantasma desde su contemplación se da a la fuga y deja en
el día a día a la soledad. La casa, el tiempo, los
ritos. Y es ahí, en lo sagrado, en la muerte, donde de repente
el amor nos cautiva con ese dejo de contradicción, una certeza
de lo que queda y la extraña pasión: No temas / Es
sólo un cuerpo / frío y desnudo / que tocas / es una
piedra / que no olvidas / en la orilla.
Llegamos a la
cuarta y última escena, "El encuentro". Los poemas
abarcan al imaginario del libro mismo, pero no deja de sorprender
esa suerte de resignación que refuta el trato a la muerte
en Occidente; el padre muerto y el cotidiano: un fantasma que come,
duerme y tiene sed. Al final el silencio se levanta y queda el recuerdo,
la espera, lo que se anuncia. Con el ofrecimiento del olvido del
dolor la voz del fantasma desaparece. Queda la voz de una poetisa
que nos otorga belleza, sueños, reducto, compasión:
Ahora en mi cuarto / entre el polvo y el piso / junto mis manos
/ pido perdón / Busco en la oscuridad / las cenizas / la
distancia / el fin.
Edmundo
Ramos. Ensayista
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N°
51 Aņo III
Caracas, sábado 22 de abril de 2000
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