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Reflexión
JOSE LUIS MOLINUEVO
ENSAYA Y ARRIESGA
Una
nueva apología de la sensibilidad, un retorno a lo que vendrá
José Luis
Molinuevo, joven filósofo español, se ha abocado a
la reflexión sobre la estética y sus formas más
actuales. En su más reciente libro, La experiencia estética
moderna,
la propone como un producto de la modernidad. Propuesta en la que
Lázaro Alvarez encuentra la idea de "revisión
estética" de esa modernidad, "no para crear una
'teoría compensatoria' de la misma, sino para -reescribiéndola-
recuperar una teoría de la 'sensibilidad solidaria'"
Perteneciente
al grupo de nuevos filósofos españoles (Eugenio
Trías, José Jiménez, Emilio Lledó, Javier
Muguerza, etcétera) que avanzan contra la aparente ausencia
de un pensamiento español pos-orteguiano, vigoroso, diverso
y que "piense el presente", José Luis Molinuevo
ha centrado sus reflexiones sobre la estética y sus formas
más actuales. Autor (junto a Félix Duque) de
la última traducción de Tiempo y ser (1999) de Heidegger,
Molinuevo publicó también recientemente El
espacio político del arte (Tecnos: Madrid) y, el que
nos ocupa ahora, La experiencia estética moderna (Síntesis:
Madrid).
Siguiendo de
cerca las coordenadas establecidas desde las Lecciones estéticas
de Baumgarten hasta la actualidad, para Molinuevo
la estética se concibe como una disciplina (de naturaleza
híbrida y fronteriza) muy importante para la filosofía,
cuyo verdadero lugar aparece incierto para la perspectiva que establece
la historiografía tradicional. Denominada por ésta
como "época de la Razón", en la Ilustración
convivieron en realidad las dos vías de acceso a la realidad,
expresadas en el "atrévete a saber" y en su gemela
"atrévete a sentir", en cuyas propuestas, y en
su propia síntesis, se afirma una posibilidad aún
inconclusa.
En la proposición
inicial de una reflexión sobre la "experiencia estética
moderna" subyace una redundancia inevitable y, desde ya, muy
reveladora para abordar el tema: la estética, como producto
de la modernidad y su relación con el problema mismo de un
sentido de la modernidad, lo cual conlleva a una crítica
del esteticismo y de la experiencia estética como fenómenos
típicos de aquella, tanto como una revisión crítica
de la historia convencional de la filosofía. Se trata, entonces,
de proponer un necesario "retorno" a la experiencia estética,
de una re-flexión, de avanzar dando un paso atrás
que conduzca a una -nueva- revisión estética de esta
modernidad, no para crear una "teoría compensatoria"
de la misma, sino para -reescribiéndola- recuperar una teoría
de la "sensibilidad solidaria".
Como se sabe,
la estética nace de la valorización de la experiencia
como categoría filosófica, es decir, de su condición
como acto inmediato de conocimiento. Esta misma estética
no ha dejado de ser discutida e, incluso, considerada hoy como un
fenómeno del pasado y consignada en la expresión hegeliana
que signaba su muerte con la muerte del arte, expresión que,
en realidad, atañe sólo a una parte de su desenvolvimiento,
o a un momento de ella misma fijado a finales del siglo XIX y comienzos
del XX. Todo ello es lo que hace que este nuevo "giro estético"
concebido como un retorno a la experiencia estética -es decir,
a la aisthesis o a una nueva apología de la sensibilidad-,
se haga bajo el enfoque no esencialista sino "transicional"
y "solidario", en la forma de "un retorno a lo que
vendrá", según la expresión de Molinuevo.
Recuperar la
experiencia, en un cierto modo muy kantiano, significa revalorizar,
también, el sentido de la modernidad. La dificultad está
en volver a revelar un nuevo sentido en dicho término, eludiendo
las repeticiones infértiles o los senderos demasiado trillados
y sin salida, pues en este caso el tópico siempre
oculta al topos al cual se aspira a conquistar. De allí,
la necesidad de reubicarse en la experiencia como lugar desde
el cual reflexionar sobre dicha modernidad, sabiendo que ésta
es quien la sustenta como categoría cognoscitiva. Lo que
significa, a su vez, un retorno al mundo como imagen, y al presente
y a las cosas. Recuperar la categoría de la "experiencia"
significa recuperar un "sentido" de la modernidad porque,
según Molinuevo, al revisar el concepto monolítico
y simplificado que se ha forjado desde su vivencia insuficiente,
ésta se revela como una diversidad compleja, como una "eclosión"
o una expansión de la sensibilidad dando lugar a muchas modernidades.
No es la modernidad, entonces, como ha sucedido gracias a este empeño
simplificador, algo ya cumplido según el criterio cronológico
que la ha querido definir creando juicios de valor, cuya crisis
-que es más bien la crisis de estos juicios- se denomina
hoy "posmodernismo". Lo que está en crisis es,
precisamente, el o los metarrelatos de la modernidad en cuyo afán
de construcción historiográfica se mediatiza la recepción
de las fuentes de su identidad y la recepción del nacimiento
de una nueva sensibilidad que se expresó en cierta línea
de desarrollo del proyecto humanista.
En este humanismo
(sobre todo, en el italiano), visto no ya desde la historia narrativa
del paradigma racionalista que desfigura el tópico mismo
de la modernidad, hay una herencia que debe ser recuperada sobre
la base del carácter emancipatorio que se desprende de su
vocación libertaria, implícita en su propuesta de
un "pensar por sí mismo". Herencia en la cual se
pone en relación a un posible concepto del logos con
la sensibilidad donde la imaginación juega un papel intermediario
pero no menos importante. Y en este otro "giro estético"
se impone, además, un enraizamiento en la experiencia porque,
ante las "paradojas terminales de la modernidad" (Kundera),
con ella nos hacemos contemporáneos de nosotros mismos. Significa
una vuelta no al sujeto aislado (del "narcisismo privado")
sino a las cosas; esto es, cumplir el cometido de salvar el presente
y guardar el pasado.
No significa
todo ello, para Molinuevo, reincidir en el esteticismo que
termina sustituyendo a la realidad, puesto que éste implicaría
no un cambio de punto de vista sobre lo real, sino un cambio (ficticio)
de lo real. Este esteticismo de raíz romántica (aunque
habría que acotar: de cierto romanticismo tardío),
termina por desplazar lo real haciendo una sobrevaloración
de lo puramente estético y que, en su decadencia, tiene expresión
en los avatares de la actual cultura del simulacro. La estetización
es el exceso de la presencia de lo estético en todas las
esferas de la vida, tal como se vivencia en la actualidad, desalojando
al arte mismo de estas esferas: busca no el embellecimiento sino
un sucedáneo de lo real. En esto está implicada una
ampliación de la noción de arte (Cage, Beuys).
Esta estetización tiene su cumplimiento privilegiado en la
publicidad, dando lugar a una estética utilitaria que se
vende como un modo de vida y, en cuyo proceso -que lleva a crear
artificialmente a la realidad misma como realidad virtual- se sustituye
aquella por otra sucedánea. Así, el cambio moderno
de una idea de la realidad ha llevado a un "cambio" de
la realidad, lo cual conduce al embotamiento: a la anaesthetica.
En la discusión
actual sobre el arte y el papel central que cumple en la reflexión
filosófica, para las estéticas esencialistas (Heidegger,
Gadamer) el arte es una puesta en obra de la realidad. El en
sí de la obra es previo al autor o al receptor, y, en tal
sentido, el arte moderno resulta indefinible en la problematicidad
de su modo de presentarse, pues en esta reflexión se niega
lo sensible en nombre de lo suprasensible. Para los institucionistas
(Dickie) no hay esencia de arte y éste se decide por
consenso social confinándolo a un relativismo en el cual
depende de autoridades externas a la experiencia. Transido de temporalidad,
el arte moderno, más allá de estas teorías,
apuesta por un valor residente en su propio acontecer y menos en
lo que representa. De allí, la ruptura del principio de representación:
un texto se hace en su lectura (Valéry) y la mirada
se queda en el cuadro (Velázquez). No hay nada de
la obra previo al receptor, todo se hace en el momento del encuentro
entre obra y receptor, en el instante siempre posible de la experiencia
estética.
Ante el cambio
radical operado en el interior de los sujetos de esta experiencia
(autor-obra-receptor) y de la pluralidad misma del fenómeno
del arte actual en su singular modo de ser, se puede decir que hay,
no una, sino varias "experiencias estéticas", en
la misma medida en que hay varias modernidades (incluso una modernidad
latina soslayada y que también habría que recuperar,
representada en las figuras de El Quijote, Goya, cierto Unamuno,
etcétera: una modernidad propia inconclusa, "insatisfecha")
El "objeto artístico" ahora es sujeto de una construcción:
constituye un proceso continuo, lo cual da paso a la noción
de experimentación en la relación estética
como modo de existencia de la obra. Y al concepto de lo "abierto"
y lo "contextual" del arte actual. De allí que
la experiencia estética no pueda concebirse como algo en
sí mismo, sino que es un proceso en cuya definición
se construye a una misma vez: por eso, este objeto es transitorio
y temporal.
Así,
en apretada síntesis siempre insuficiente, el entramado y
sinuoso camino de un "retorno" a la complejidad de la
modernidad desemboca en la noción de la experiencia como
noción central para el debate estético contemporáneo.
Molinuevo destaca la necesidad de unir reflexión y
creación, el diálogo entre creadores y teóricos
como único modo válido de reactualizar dicha experiencia.
Reflexión que, para llevar a una nueva estética del
presente, debe realizarse a través de "un pensamiento
en imágenes" (pero que no renuncia a la razón)
no sobre el arte sino del arte. Esta estética no puede ser
teoría de la sensibilidad como cosa separada, sino que forma
parte de ésta como experimentación: aquí el
conocer forma parte del hacer. Obligada a ser sintética (en
su recorrido crítico que va de Kant hasta Heidegger,
Benjamin, Marquard, etcétera), esta nueva apología
de la sensibilidad devuelve su pluralidad al arte actual por medio
de una percepción poliestética. Esta experiencia debe
ser, entonces, una experiencia que sume, no que reste; que reúna
e incluya, sin separar. La tarea de fraguar una nueva teoría
de la sensibilidad solidaria es una tarea incierta pero ineludible.
Tarea que Molinuevo, sin duda, ensaya y arriesga con esta
obra.
Lázaro
Alvarez. Ensayista y poeta
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N°
51 Aņo III
Caracas, sábado 22 de abril de 2000
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