Memorias

II ENCUENTRO PARA LA PROMOCION Y DIFUSION
DEL PATRIMONIO FOLCLORICO DE LOS PAISES ANDINOS

Fiesta, corp-oralidad y huellas de africanía

Las culturas afroandinas que serán invocadas en Santa Ana de Coro, para dar vida a un nuevo encuentro organizado en torno a la promoción y difusión del patrimonio folclórico de los países andinos, erigirá como tema central la Influencia africana en las culturas tradicionales andinas y caribeñas e intentará dar respuesta al proceso de construcción de identidad de estas regiones que comparten así su geografía y un pasado esclavista. Luz Adriana Maya Restrepo hurga en esa nueva manera de "ser tangible" que se ha inventado la memoria afroandina frente a la pérdida de tantos de sus objetos: estatuas de santos e instrumentos musicales fundan lo que Maya Restrepo reconoce como "corp-oralidad"



La gente africana que llegó al Nuevo Mundo recreó sus culturas a partir de huellas de africanía. Estas memorias, sentimientos, aromas, formas estéticas, texturas y colores también atravesaron el Atlántico y fueron la materia prima de la etnogénesis1 de la cultura afroamericana. A lo largo del siglo XX, especialistas procedentes de diversos horizontes discutieron acerca de la naturaleza de la afroamericanidad. Los trabajos de Nina Rodrigues, Pierre Verger, Roger Bastide, Fernando Ortiz y Lidia Cabrera erigieron a Brasil y Cuba como los dos colosos de la africanidad en América. A partir de estos estudios, candomblé y santería se convirtieron en las expresiones paradigmáticas de las permanencias de las memorias culturales africanas en el Nuevo Mundo. Sin embargo, en países como Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia las relaciones entre economía y cultura moldearon otras expresiones del ser africano en América. En la región andina y el Caribe continental, a diferencia de las Antillas, la economía esclavista minera y de hacienda de trapiche se unió a la temprana presencia de la Inquisición. Desde los inicios del siglo XVII, el Santo Oficio cercó los márgenes de sobrevivencia cultural y demográfica de los descendientes de los africanos en la región. Su proyecto de homogeneización cultural mediante la puesta en marcha de una pedagogía de la fe obligó a estos pueblos a crear estrategias de resistencia cultural que dieron como resultado otras afroamericanidades. Estas se diferencian de las afroantillanas y afrobrasileras por su carácter mimético, condición primera de sobrevivencia en el contexto de represión cultural desencadenado por el Tribunal y los Códigos Negros españoles. La magnificencia de la africanidad en el eje Cuba-Brasil sumada a esta particularidad de la esclavitud andina ha dificultado el discernimiento de los legados africanos en la América meridional, a tal punto que muchos investigadores han optado por difundir la idea de la ruptura total de las huellas de africanía en la región andina. En esta línea de pensamiento, el concepto de mestizaje pretende mostrar que lo africano se disolvió bajo la presión de las tradiciones indígenas y españolas. No obstante, la fuerza que ha cobrado este tipo de interpretaciones, la tendencia afroamericanista ha planteado la urgencia de crear nuevos métodos y teorías para el estudio de los procesos de reconstrucción cultural de los pueblos afroandinos. Teorías y métodos que atiendan a las realidades históricas de la región, tanto en tiempos coloniales como republicanos.

Dentro del pensamiento afroamericanista, el estudio de la fiesta y de todas las expresiones de las culturas tradicionales emerge como un espacio privilegiado para el escudriñamiento de los legados de Africa y su importancia en la formación de nuestras identidades nacionales. En particular, cuando las investigaciones se realizan en forma interdisciplinaria y desde una óptica comparativa con Africa, y, por supuesto, con otras expresiones de afroamericanidad en el continente.


La corp-oralidad africana en las fiestas sagradas y profanas en Colombia


Uno de los grandes retos que encierra la identificación de "lo africano" en los países andinos pasa por la definición del concepto de memoria entre los pueblos de ascendencia africana en la región. Es decir, la manera como han registrado su pasado y las estrategias culturales mediante las cuales transmiten a las nuevas generaciones todas aquellas informaciones necesarias para reproducir la identidad y el sentido de pertenencia a su grupo. La historia del cimarronaje, o resistencia a la esclavitud, ha documentado ampliamente la forma como los primeros africanos lucharon por preservar su identidad creando palenques o pueblos fortificados al margen de la espacialidad represiva del sistema esclavista. La aplicación del concepto de cimarronaje armado al ámbito de la cultura nos ha permitido ampliar los horizontes teórico y metodológico, pues las estrategias de adaptación y sobrevivencia de los cimarrones no se limitó a la guerra armada.

Máscaras, cantos, danzas, oraciones, tradiciones culinarias, gestos y alegorías fueron, entre otros, un arsenal de memorias orales, gestuales e icónicas que sirvió de materia prima para reconstruir su identidad histórico-cultural. La palabra intangible, hablada, recitada o cantada tomó posesión del cuerpo convirtiéndolo en territorio privilegiado de expresión y creación. La nueva memoria afroandina, desposeída del universo de objetos materiales de las culturas africanas, inventó una nueva manera de ser tangible: la corp-oralidad. Iconos sagrados y profanos que reposaban en las mentes de los deportados cobraron de nuevo vida en estatuas de santos, máscaras e instrumentos musicales. La gramática de la gestualidad del poder y de la sacralidad emergió en el trance de la danza y en la emoción de la plegaria. Del mismo modo la palabra mágica y profana de origen africano se aclimató en los Andes y en los litorales tomando la forma de décimas, cantos de muerto, arrullos, adivinanzas y leyendas míticas que aún hoy evocaban antiguos animales totémicos de los deportados. Esta Africa de ultramar de los tiempos coloniales delineó nuevos rostros en las ciudades, villas y poblados impregnando incluso las culturas aborígenes y euroamericanas. Al mismo tiempo, se iba volviendo americana. Por eso hoy, los estudios afroandinos no deben desconsiderar la importancia del cimarronaje cultural o resistencia del alma de los esclavizados.


La Danza de los Congos en la afrogénesis del Carnaval de Barranquilla

La táctica de desarticular social y culturalmente a los cautivos fue puesta en marcha por negreros y esclavistas. Como señalamos antes, Inquisición y Códigos Negros fueron herramientas del terror que el Estado y la Iglesia pusieron en marcha para atomizar las poblaciones esclavizadas en aras de ejercer un control demográfico y cultural efectivo. Esto llevó a los deportados a poner en marcha procesos de reintegración étnica activa2. Los llamados cabildos de negros fueron los primeros espacios de recreación cultural de los recién llegados. La voz cabildo se usaba en España en la época colonial para designar las reuniones o juntas de las cofradías religiosas.

En América, cabildo de negros se refería a un consejo o cámara que ostentaba la representación de todos los negros de una misma nación u origen. Esta institución nació en Sevilla, y fue trasladada al Nuevo Mundo en épocas de la trata3. Lo interesante es que los cabildos fueron espacios privilegiados para la conservación y reproducción de iconos o representaciones simbólicas de origen africano. Según Nina S. de Friedemann, en Cartagena de Indias, los cabildos de negros fueron enfermerías en las cuales los miembros de una misma nación auxiliaban a los recién desembarcados. Con el tiempo, el tambor se constituyó en la lengua franca de los cautivos y libertos que los componían. Primero anunció la muerte de alguno de sus miembros, luego convocó a sus miembros para otras actividades4, como la fiesta de la Candelaria que se celebraba en la ciudad el día 2 de febrero. De este modo los cabildos se fueron convirtiendo es escenarios de gestión política y cultural en medio de la esclavitud. Según la misma autora, los cabildos de negros como refugios de africanía en Colombia serían ventanas abiertas para el estudio de las expresiones musicales, danzarias y lingüísticas de la cultura afrocolombiana.

El estudio del Carnaval contemporáneo de Barranquilla, Santa Marta y Ciénaga, ciudades de la costa Caribe colombiana y del río
Magdalena, permite discernir en el ritual de la danza, una historia de organización que se remonta a los tiempos de los cabildantes. Los cabildos de Congos, Carabalíes, Ararás y Minas tuvieron vida en la ciudad y sus ancestrales rivalidades se plasman en la proyección cultural de sus prácticas en la Danza de los Congos. Danza masculina protagónica hoy del Carnaval barranquillero. Esta danza ha llegado hasta nuestros días como un ritual de guerreros ataviados con colores fulgurantes, bonetes con colas tapizadas de símbolos que rememoran los atuendos que, según Filipo Pigafetta, lucía el rey del Congo en el siglo XV. El desafío de los sables alterna con el reto del toque del tambor de cada grupo. Las danzas describen batallas alegóricas de la defensa de un territorio que sembrado de máscaras de tigres, micos y elefantes evocan Africa. Esta fauna danzante de origen africano se desplaza acompañada de animales americanos, como el caimán, el cual representa la afirmación de identidades regionales del río Magdalena5. Estas herencias africanas han enriquecido sin duda los fastos de la colombianidad, pues el Carnaval de Barranquilla, y en él la Danza de los Congos, representa hoy uno de los símbolos de la nacionalidad.





Notas
1 De Friedemann, Nina.
Presencia africana en Colombia. La saga del negro
.
Santa Fe de Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 1993, p. 90.

2 Id, p. 90.

3 Ortiz, Fernando.
Los cabildos y la fiesta afrocubanos del Día de Reyes
.
La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1992, pp. 1 y 5.

4 De Friedemann, Nina.
Presencia africana en Colombia. La saga del negro
.
p. 91.

5 Id, p. 92.



Luz Adriana Maya Restrepo. Historiadora
Universidad de los Andes / Colombia

 
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II Encuentro para la Promoción y Difusión
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Folclórico de
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Fiesta, corp-oralidad y huellas de africanía
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