Otras voces, Otros ámbitos (VII)

JULIA OTXOA Y MARIA ANTONIA ORTEGA, DOS POETAS DE ESPAÑA Y DE LA NUEVA EPICA

Del horror que abriga y del cielo acosado por sus acreedores

La editora y poeta argentina avanza una séptima entrega de este espacio y deja al desnudo el trazo de Julia Otxoa y María Antonia Ortega, quienes emplazan el género para,
como en el primer caso, bien plantada en su tierra, el País Vasco, brindar abrigo
"contra el horror de lo inmediato". Y, en cuanto a Ortega, para esbozar la sintaxis
"de un exceso, de una violencia expresiva poco frecuente en la poesía española de hoy", que contiene no una moda sino el movimiento del espíritu

Mercedes Roffé


Goya / "Tántalo" (aguafuerte y aguantinta bruñida)

 

Dos mariposas blancas

Aquella noche la abuela trajo dos mariposas blancas
y las colocó sobre los ojos del durmiente,
más tarde, cuando tras la cabeza de la luna
asomó frío el aullido del lobo,
los sueños de aquel hombre
que dormía bajo las mariposas,
nos ayudaron a crecer en la serenidad.

 


12 de febrero de 1997

12 de febrero de 1997,
no conozco al hombre del futuro,
nada sé de lo que será capaz con su maleta llena de tecnología,
pero lo que veo hoy
nada tiene que ver con el progreso.

Por las calles de mi ciudad Goya otra vez podría pintar el infierno,
el ángel exterminador saludando a las calaveras.

Apenas podemos tenernos en pie,
entre las manos sólo tenemos tinieblas,
todo nos ha abandonado excepto la fatiga.

Este olor de barbarie repetida
sobre la piel de los siglos,
esta viejísima noche circular de siempre
señor enterrador...
convierten el ayer y el hoy en un presente eterno.

(de La nieve en los manzanos)

 


Todos los trajes de la muerte

La vida es insoportable
sobre las cenizas de las víctimas.

No me hables de los héroes,
he visto todos los trajes de la muerte,
la sombra de la sangre derramada
es siempre imborrable y única.

Miro nuestra casa
y sólo veo fantasmas.

 

JULIA OTXOA
Un susurro en la noche de la barbarie

Una voz escueta, tensa y densa, concentrada, y cauta, antes de irrumpir en el murmullo del único templo que parecería reconocer, la Naturaleza, la poeta que habla en estos versos se declara hija de una tradición -que ella asocia a su tierra, el País Vasco- en la que predomina una profunda identificación con el mundo natural y "cierto tipo de pensamiento mágico colectivo transmitido de generación en generación, que se traduce en un rico universo de ritos, costumbres y leyendas", como explica en la poética que abre su participación en Ellas tienen la palabra: Dos décadas de poesía española, la antología reunida por Noni Benegas y Jesús Munárriz, y publicada en 1997 por la editorial Hiperión.
En este mundo, el canto de las chocolateras en la cocina se entreteje con el rumor de los contadores de cuentos, no para hacernos huir con ellos del aquí y el ahora, sino como si sólo esas voces antiguas, maceradas, fueran capaces de abrigar contra el horror de lo inmediato. "Europa camina despreocupadamente hacia la oscuridad, como si las huellas del pasado no le pertenecieran", dice uno de los epigramáticos textos de La edad de los bárbaros -expresión con la que Otxoa suele referirse al tiempo en que vivimos. O antes: "La incitación al olvido histórico debería ser considerada un crimen". El crimen que hace entrar cada noche, cada una de las noches de esta noche circular y eterna que Otxoa ve en la Historia, el mismo caballo de troya a una ciudad, y a una ciudad después de otra.
¿Es todo destrucción? ¿Sólo fantasmas quedan en la casa de la memoria? ¿Sólo duelo? "Hay días, en los que... sólo oír el susurro del viento sobre los árboles, al anochecer", es suficiente recompensa para quien nunca ora en el interior de los templos, sino "en el paisaje, junto a los árboles", para quien "la imagen de cualquier árbol produce... una sensación cercana al poema".
Nacida en 1953, en San Sebastián, Julia Otxoa es autora de los siguientes libros de poemas: Composición entre la luz y la sombra (1978), Luz del aire [en colaboración con Ricardo Ugarte] (Madrid, Edarcón, 1982), Cuaderno de bitácora (Pasajes, Guipúzcoa, Ayuntamiento, 1985), Centauro (Madrid, Torremozas, 1985), Antología poética (San Sebastián, La primitiva casa Baroja, 1986), La edad de los bárbaros (Bari, Italia, Quaderni della Valle, 1997) y La nieve en los manzanos (Málaga, Miguel Gómez Ediciones, 2000). También ha publicado prosa, relatos infantiles y estudios sobre poesía y narrativa vascas.

 

MARIA ANTONIA ORTEGA
"Dios no habita en lo alto, sino en lo profundo"


Una de las voces más singulares de la poesía española actual, María Antonia Ortega, ha sabido ir fundando en su obra una mitología y una sintaxis propia. La sintaxis de un exceso, de una violencia expresiva poco frecuente en la poesía española de hoy -algunos de cuyos mejores exponentes han elegido cauces más contenidos. Se trata aquí de un monólogo, o más bien de una multiplicidad de monólogos, urgentes, sostenidos, cuyos ecos llegan a remontarnos a veces a la prosa arrebatada, visionaria, de un Valle Inclán, y que quizás en la generación de Ortega sólo recuerden -aun si desde otra estética, con otras preocupaciones- el verso fluido, intenso y extendido de otra escritora gallega, Blanca Andreu.
Poeta "de la Diferencia" -ese término que, en el contexto de la poesía española de las últimas décadas, apunta más a una multiplicidad estética que a una dicotomía- Ortega reconoce en toda poética que, como la suya, se niegue a plegarse a los mandatos del mercado, su calidad de "acción pura", en tanto "movimiento... de fuerzas espirituales", más que de escuelas o teorías; su condición de "conciencia... de la Literatura y de la Vida, que acepta su complejidad, y rechaza cualquier intento de simplificación de las mismas", y que promueve "la búsqueda de un mestizaje cultural y el reconocimiento de los valores de la marginalidad, dentro de la cual se está gestando un lenguaje nuevo"; y un propósito histórico: el de "fomentar el respeto a lo minoritario", el respeto a la función y al desarrollo de lo minoritario, no como opuesto sino como elemento integrante y movilizador dentro de una sociedad democrática (De lo imposible a lo verdadero: Poesía española 1965-2000, antología editada por A. Garrido Moraga, Madrid: Celeste / SIAL, 2000).
María Antonia Ortega nació en Madrid en 1954. Es licenciada en Derecho, especialidad en la que se desempeña como criminalista. Dirige la Colección Durendal de la editorial Huerga y Fierro, forma parte del consejo de redacción de la revista asturiana Rey Lagarto, y colabora en el suplemento literario "Los Cuadernos del Sur" del diario Córdoba. Como poeta, ha publicado Epica de la soledad (1988), La viña de oro (1989) y El espía de Dios (1994), los tres publicados por ediciones Libertarias, de Madrid; Descenso al cielo (Madrid, Torremozas, 1991), La pobreza dorada (Barcelona, Bauma, 1994), Sí, Antología poética o La existencia larvada (Madrid, Huerga y Fierro, 1998). Recientemente ha aparecido su poema dramático Junio López, y la plaquette Veneno 135, "La Virgen de la Cárcel y de los Prostíbulos" (Bilbao, 2000).

 

Lacrymosa / Réquiem de Sauce

Prefería antes la ambigüedad de la luna que la claridad del sol. Ahora, entre la poderosa antigüedad a la que pertenezco y la hora nueva que me pertenece habré de repartir mis fidelidades y lloro en mi lacrymosa siempre por saber que para crear un mundo hay que destruir otro.

(de Epica de la Soledad)

 

Dios no habita en lo alto...

Dios no habita en lo alto, sino en lo profundo, y su revelación dura lo que un libro que se escribe en una noche.
Y en su familia, familia de Dios, por lo menos hay siempre un loco y un poeta.
Aquél que con él se ve en secreto, quienquiera que pueda reconocer al Invisible, a los demás infunde miedo, a los demás hombres.
Pues tiene ojos de puta que se sienta en la barra del bar sola, y más hambre que una buscona.
Pues hace los mismos gestos que un mudo hablando con otro mudo.
Y está acosado por sus acreedores como ciervo que saltando de un tejado a otro es perseguido hasta un alero por una rehala de podencos sueltos entre cúpulas, chimeneas y letreros luminosos porque sobre esta ciudad no solamente hay constelaciones, sino también extrañas cacerías.

(de El espía de Dios)


N° 13 Año IV
Caracas, sábado 30 de diciembre de 2000
 
 
 
Apuntes
El patético tiempo del nuevo milenio
(Teódulo López Meléndez)
 
Ultimo Sábado
Alfredo Silva Estrada
Palabra, límite, instante
(Rafael Castillo Zapata)
 
 
 
 
 

 

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