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Perspectiva
LOS DIAS DE GENOVA
Crónica de una guerrilla
De viva piel,
luego de haber atravesado “los pisos sucios de sangre de los manifestantes”
en contra de los “Grandes Ocho”, que se reunieran en Génova para
discutir el destino del mundo globalizado, Maurizio Fantoni Minnella
deja sentado que “no queda más que hacer una profunda reflexión
sobre las raíces y la finalidad de la violencia del Estado”. En
tal sentido, revisita aquel día de julio en el que “Cincuenta mil
[jóvenes] bajan a la plaza en contra de los Ocho”
Viernes 20: momentos de guerrilla urbana
Sucedió
hoy que una ciudad, una gran ciudad mediterránea, se volvió,
aunque por pocos días, metáfora escandalosa de una
condición humana y política universal. Como sucedió
en la Berlín de agosto de 1961, una amplia área de
la ciudad, la que corresponde al Centro Histórico Monumental,
y que se puede definir como Zona Roja, fue cerrada,
blindada con más de doscientas rejas de cuatro metros de
alto. La naturaleza misma del Centro Histórico, medieval
y por consiguiente laberíntica, hizo aún más
evidente el sentido de opresión vivido por quienes allí
habitan. Muchos de ellos, por el contrario, pensaron en irse, dejando
a sus espaldas una ciudad casi desértica y espectral: cerradas
quedaron las santamarías de los establecimientos comerciales,
y muchas de ellas fueron revestidas con robustos paneles de madera;
cerradas casi todas las oficinas públicas; desaparecieron
también los inmigrantes, encerrados en casa por miedo a ser
parados por la policía y ser detenidos enseguida, los clochards
y los drogadictos que habitualmente abundan en las avenidas y las
plazas de la parte antigua de la ciudad. Cada uno de los 200 pasajes
se encuentra controlado por la policía; nadie entra o sale
sin tener permisos especiales, los cuales están reservados
para los habitantes y los periodistas.
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La
ciudad blindada: policías y caballos
entran en la Zona Roja
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En el violado
microcosmo de la parte antigua de la ciudad, corazón enfermo,
pero aún latiente, existe otro, todavía más
pequeño, pero privilegiado, el majestuoso Palacio Ducal,
sede histórica de los Dogos de Génova, el cual se
volvió la Ciudadela inexpugnable de los Grandes Ocho
del vértice político mundial de los ocho países
más industrializados del planeta, los cuales se reunieron
en Génova para discutir el destino del mundo globalizado.
El Palacio es el último lugar de su discurso vacío,
incapaz de introducir elementos nuevos para lograr un diálogo
que sepa afrontar de manera activa la problemática de los
países pobres. Aislados del resto de la ciudad (y esto
es uno de los significados de la metáfora urbana), los
ocho jefes de Estado y de Gobierno recitan hasta lo último
su papel en el teatro de la política y de los poderes y
no de las ideas, de las multinacionales y de las concesiones ya
previstas por el protocolo y no la de los pueblos. Artífices
del pensamiento global, ellos representan, aunque tengan nacionalidades
diferentes, los principios generales: mundialización de
los recursos, de los productos y de las culturas, y hegemonía
absoluta de las multinacionales estadounidenses de las cuales
el presidente Bush no es más que el portavoz oficial.
Por otra parte, además del resto de la ciudad de Génova
y de sus habitantes, quienes en su mayoría han reaccionado
a la Cumbre dejándola, por decirlo de alguna manera, a
su propia suerte, el pueblo de Seattle, mejor dicho los pueblos
de Seattle, ya que ellos son numerosos, una galaxia muy articulada
y compleja, a veces hasta contradictoria, que reúne varios
países del mundo occidental. Es posible imaginar
escribe Francesco Vitali, experto en comunicación
(en el No. 3/2001 de Limes) la contrariedad de los
gobiernos de los países industrializados, a cuya cabeza
están Estados Unidos y sus multinacionales, que empeñados
en difíciles discusiones diplomáticas en pro de
la defensa y el desarrollo de los intereses nacionales,
encontraron repentinamente un ulterior interlocutor en la mesa
de las negociaciones: los pueblos de Seattle. Un interlocutor
que infunde temor, que no existe como tal, que no tiene un rostro
ni una dirigencia precisa, ni un objetivo definido, pero que al
mismo tiempo expresa la defensa de miles de valores diferentes,
además de estar profundamente radicados.
En Italia ellos tienen un rostro preciso que los reúne,
el Genoa Social Forum (GSF), coordinado por Vittorio Agnoletto,
experto en drogadicción. En su interior gravitan, con una
presencia masiva en los días de Génova, movimientos
y asociaciones laicas y de inspiración civil democrática
y católica como Red Lilliput, WWF, Centros Sociales organizados,
Manitese, Caritas, Lila, Misionarios, Legambiente, Cobas y las
famosas Tute Bianche (Bragas Blancas), el movimiento que practica
la llamada desobediencia civil inspirándose
en parte en los principios del filósofo y escritor estadounidense
del siglo XIX Henry David Thoreau, o partidos políticos
como Rifondazione Comunista, el cual tiene como dirigente principal
a su secretario Fausto Bertinotti, y los Verdes. Muchas organizaciones
políticas extranjeras con sus delegaciones (Partido Comunista
francés, Partido Comunista griego, portugués, español,
curdo y otras siglas) manifestaron pacíficamente el jueves
19 de julio y el sábado 21 de julio en las calles de la
otra Génova, del malecón y de los barrios
del este, a menudo con el grito ¡Génova Libre!,
¡Génova Libre!.
Después de los siete días de Seattle, de Praga,
de Davos, de Porto Alegre y de Goteborg, aquí tenemos los
elementos en los cuales se basa la protesta legítima y
democrática de Génova, los antiglobal discuten el
problema de la energía nuclear, oponiéndose al modelo
impuesto por Bush, el problema del desarme general del armamento
nuclear, la pobreza en el Tercer Mundo, la cancelación
de la deuda hacia los países industrializados, los financiamientos
mundiales para la lucha contra el Sida en Africa, la destrucción
progresiva del planeta, la monocultura de las multinacionales
con sus modelos sociales, alimenticios, culturales que todo lo
ponen en el mismo nivel (No Logo es el mensaje implícito
en el texto de Naomi Klein, el cual se volvió un
punto de referencia para el movimiento, sin embargo, entre los
padres inspiradores se cuentan intelectuales como Karl Marx,
Gandhi, Noam Chomsky, Jeremy Rifkin y otros).
Sin embargo, las instancias del movimiento se interpretan desde
una óptica exquisitamente anticapitalista. El mismo jaccuse
contra Silvio Berlusconi y contra el presidente Bush se puede
encuadrar dentro de esta perspectiva.
El escoger Génova como ciudad capaz de albergar un evento
de tal magnitud se reveló a posteriori una elección
poco acertada. Tenemos que recordar antes que nada que fue el
Primer Ministro del gobierno anterior de centro-izquierda, Massimo
DAlema, quien la escogió como posible y probable
escenario de la Cumbre y que fue otro ministro de centro-izquierda
(el de Relaciones Interiores, Bianco) quien decidió blindar
en forma maciza la Ciudad Antigua, dando como motivo para esta
elección la defensa de la incolumidad de los Ocho
Grandes, pero, en realidad, se quiso dividir la ciudad en
dos, desorientar a los habitantes y, principalmente, impedir que
los grupos de manifestantes pudiesen alcanzar a rozar la Ciudadela
del poder. Esto creó una fractura ulterior entre el centro-izquierda
y los movimientos antiglobal, al pasar éstos a ser considerados
como sujetos irresponsables, alimentando así las ambigüedades
y las contradicciones. Además, es al gobierno de Berlusconi,
perfecto dictador de los medios de comunicación, cuyo rostro
autoritario y reaccionario emerge hoy finalmente, a quien debemos
dar toda la responsabilidad moral y material de la violencia y
cosas terribles que ocurrieron en Génova.
Génova, así como Santiago de Chile, es una ciudad
en estado de asedio. Aquí tenemos una breve crónica.
Miércoles en la noche, 18 de julio, el concierto del cantante
de origen español Manu Chao enciende a varios centenares
de jóvenes de media Europa y de Estados Unidos que vinieron
a Génova para manifestar precisamente contra el atropello
de los derechos humanos de los pobres en el mundo, contra los
principios fundamentales del mundo globalizado.
Jueves 19, después de que el cortejo de los Migrantes,
se forma en una plaza antigua excluida de la ciudad blindada,
comienza a desfilar en modo pacífico pero determinado.
Son muchos los colores de los gorros y de los vestidos, los slogans,
las siglas políticas y sociales, un conjunto de vitalidad,
fantasía y rabia. Cincuenta mil bajan a la plaza en contra
de los Ocho, alegres, libres en sus propias convicciones. Y en
medio, un ejército de policías armados de escudos,
bastones y gases lacrimógenos, los cuales todavía
no impiden que la manifestación termine de forma tranquila.
El día siguiente, viernes 20, el escenario urbano sigue
cambiando: durante la noche, enormes containers de diferentes
colores son alineados como una barrera pesada, lo que excluye
el acceso de los manifestantes a otra zona de la ciudad. Los acuerdos
entre la autoridad y la GFS no fueron respetados. Posteriormente
se quiere aislar a los manifestantes creando una especie de Zona
Amarilla militarizada. La situación se precipita en el
momento en que grupos black block italianos y extranjeros
(inspirados en modelos neofascistas), con una acción vandálica
violentísima, comienzan a provocar a las fuerzas de la
policía lanzando piedras y alzando barricadas con bidones
de basura, a muchos de los cuales les dieron fuego. Infiltrados
de la policía entre los black block (especie de
ultras con el rostro cubierto por una pañoleta o un pasamontañas)
dejan que estos últimos destruyan todo (bancas, bidones,
bancos, aseguradoras, negocios que a continuación serán
saqueados por los mismos habitantes), proporcionándose
la coartada para golpear y reprimir indiscriminadamente a todos
los manifestantes y las que debían ser sólo acciones
de disturbios para entrar en la Zona Roja, se convirtieron en
una verdadera guerrilla.
Se convocan conferencias urgentes en el Forum y se establecen
nuevas estrategias para el gran cortejo del sábado 21 de
julio. Además, éste se vuelve el nuevo teatro del
choque (esta vez violentísimo) entre los manifestantes,
los vándalos y las fuerzas de la policía, los guardias
nacionales. Estos avanzan compactos como en una verdadera guerra
civil, agitando los escudos con ritmo cadencioso, amenazador,
cuyo sonido repercute con ecos inquietantes, listos para atacar.
Los gritos de los manifestantes y los slogans contra la
policía y el Gobierno, contra Bush y Berlusconi se multiplican.
Parten los primeros gases lacrimógenos que golpean a todo
el que se encuentre en su trayectoria. El cortejo pacífico
se bloquea y se divide en varios grupos. Es el caos. Después
el choque, mientras que en un lado de la calle ocupado por edificios
altos arden las llamas en un establecimiento de venta de automóviles
grandes. Black block infiltrados en el cortejo rompen vidrios,
hacen irrupción en un banco destruyendo todo, comenzando
por las computadoras.
Nadie puede hacer nada para detenerlos. La policía deja
que todo suceda frente a sus ojos.
El epicentro de la guerrilla se mueve hacia los barrios externos,
en donde el viernes 20 fue asesinado a quemarropa un muchacho
de 23 años, Carlo Giuliani, alcanzado en la cabeza por
un proyectil disparado por un joven guardia nacional, de apenas
veinte años, quien se encontraba en una camioneta que había
quedado bloqueada entre los revoltosos, en el barrio Foce, frente
a la vastedad del mar, alejado del clamor de la batalla (después
se descubrirá una nueva dinámica del asesinato que
demuestra que el guardia disparó para atacar y no para
defenderse).
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Preparación
del "Cortejo de los Migrantes" del 19 de julio
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Gases lacrimógenos
grises inundan el aire dibujando curvas de humo tóxico, mientras
que el humo negro de los automóviles en llamas traspasa un
cielo terso y tranquilo. Se infringe el sueño de los pueblos
de Seattle de invadir la Zona Roja y de afirmar pacíficamente
el desacuerdo de cada uno de ellos, casi como querer ver a la cara
a los Ocho grandes que grandes no son.
Durante la
noche las fuerzas policíacas ponen en jaque la sede del GSF,
situada en el interior de una escuela, al golpear salvajemente a
los jóvenes que están durmiendo o reposando, periodistas,
políticos y directores cinematográficos presentes
para documentar los hechos. Se trata de una verdadera emboscada,
de una venganza perpetrada en frío comparable a la violencia
de las tropas del general Pinochet. Es difícil
para uno mismo expresar su estado de ánimo frente a tal catástrofe.
Quienes vivieron aquella triste noche recordarán.
Quienes por el contrario, como la persona que escribe esta nota,
pudieron atravesar los espacios desiertos y devastados de la escuela,
las paredes, las esquinas, y los pisos sucios de sangre de los manifestantes,
víctimas de la irrupción nocturna, de los que no quedan
sino pocas huellas, y el diente de uno de ellos, entre el polvo
y la destrucción, no queda más que ha cer una profunda
reflexión sobre las raíces y la finalidad de la violencia
del Estado. A todo esto se agrega la violencia inaudita que se usó
contra los manifestantes arrestados injustamente y trasladados a
la cárcel de Bolzaneto.
Con este acto final queda claro para todos el vacilar de la democracia
en Italia. Al lado del lamento fúnebre por la ciudad asediada
y humillada y por sus víctimas, crece el recuerdo de otra
ciudad, la verdadera, bella y soberbia, libre y civil que, parafraseando
las palabras de un arquitecto italiano, logrará una vez más
absorber las injurias que le fueron inferidas.
Traducción:
Diana Stanislao
Fotos: Maurizio Fantoni Minnella
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